Mario, el invitado más esperado

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Rogelio acababa de jubilarse y su mejor amigo, Humberto, le había organizado una despedida con sus compañeros de trabajo. Ningún detalle había sido librado al azar en los preparativos para darle su merecido homenaje.

Una extensa mesa, desplegada a un costado del jardín de la casa, ostentaba los más deliciosos platillos y bebidas alcohólicas para todos los paladares. Allí los numerosos invitados daban rienda suelta a su voracidad, rindiendo honores a canapés variados, brochettes de pollo, caviar, salmón ahumado, fondue de queso, etc.

Tanto los platos como las copas se vaciaban en contados minutos; los mozos luchaban contra el tiempo en su afán por reponer lo que la manada de hambrientos arrasaba. Al parecer, todos se habían preparado para la ocasión con un ayuno considerable, ya que a su paso dejaban un tendal similar a una invasión de marabunta.

En la lista de invitados se hallaba un primo de Humberto de nombre Mario– quien poseía una planta elaboradora de freezers. Esto le venía como anillo al dedo a Rogelio, quien estaba en la búsqueda desesperada de otro, en reemplazo del suyo bastante deteriorado.

– Invité a mi primo para que te asesore en la compra de un nuevo freezer, él los fabrica y te puede hacer un buen descuento – le comentó Humberto, que estaba al tanto de la urgencia de Rogelio por adquirir uno nuevo

– Muy buena idea, te lo agradezco, trataré ese tema con él – dijo Rogelio

Su buen amigo fue en busca de Mario, debía encontrarlo antes de que empinara el codo, Humberto conocía esa debilidad de su primo.

Continuaron llegando más invitados. En el barrio se había corrido el rumor de que esa noche una gran comilona tendría lugar allí y nadie se la quería perder.

Aprovechando el hecho de que Rogelio comenzaba a dar señales de padecer Alzheimer, muchos oportunistas se presentaban como empleados de la empresa a la que él había pertenecido durante tanto tiempo, para colarse y ligar algún bocadillo.

Entre esos oportunistas había uno de nombre Mario y Rogelio de inmediato lo relacionó con el fabricante de freezers, entonces se lo llevó a un lugar apartado para conversar con tranquilidad. Pero este Mario nada tenía que ver con Humberto, ni con los freezers. Este buen hombre se ganaba la vida vendiendo ataúdes.

– ¿Así que usted es Mario? No se imagina cuán oportuna es su visita hoy en mi fiesta – comentó Rogelio

– Ajá, mire usted… claro, a su edad mucha gente se previene – respondió Mario

– Resulta que estoy necesitando encargarle uno, porque el que yo tenía ya no me sirve – continuó Rogelio

– ¿Usted ya tenía uno?… ¡Qué interesante! – comentó, asombrado, el otro

– Sí, por supuesto, como casi todos. Es un elemento de suma utilidad hoy en día – añadió Rogelio

– Inevitable a cierta hora, diría yo –dijo Mario, intentando tomar con naturalidad el comentario del otro

– Me interesaría saber de cuántos modelos dispone – continuó Rogelio

– Hay variedad de ellos para satisfacer a todos los gustos – respondió Mario

– Hábleme de las características del producto. Yo necesito algo bien grande, teniendo en cuenta lo que voy a poner adentro – especificó Rogelio

– Goza usted de un particular humor negro – acotó Mario, sorprendido

– Es posible que tenga razón. Bueno, el caso es que me interesa el tamaño, ya que no deseo algo apretado, quiero que circule aire por los costados. Fíjese que el que compró mi cuñada le quedó chico y, además, no conserva bien el fiambre, despide un olor nauseabundo cada vez que se lo abre – explicaba Rogelio

– ¿Cómo dice? ¿El de su cuñada no se ajusta a su medida? Y dígame ¿lo abren muy a menudo? – preguntó Mario, desconcertado

– Sólo lo necesario. La última vez noté que perdía líquido. ¡Imagínese! Hubo que vaciarlo y limpiarlo todo por dentro – aclaró Rogelio

– ¿Dijo usted VACIARLO? Y mientras tanto… ¿dónde colocaron el…? – no llegó a  terminar la frase, se le trababa la lengua

– Encima de la mesa… y había que apurarse antes de que se echara a perder con semejante calor – continuó Rogelio

– Esto que me cuenta me deja estupefacto, es la primera vez que escucho algo así – dijo Mario, a punto de vomitar de la impresión

– Sí… hay que ver lo que tuvo que padecer mi hermano por culpa de mi cuñada, que se encaprichó con ese modelo, ¡y al final salió fallado! – agregó Rogelio

– ¿Y ustedes no hicieron ningún reclamo? – preguntó el otro, que no salía del estupor

– Sí, por supuesto, pero no tenían en stock uno que se ajustara a la medida requerida para hacer el cambio. Daban tantas vueltas que, finalmente, se quedaron con el mismo – explicó Rogelio

– ¿O sea que eso continúa despidiendo mal olor? – siguió preguntando Mario

– Sí, obvio, y se pone feo los días de mayor temperatura. No quiero que a mí me suceda lo mismo, por eso quiero uno más grande. ¿Sabe qué?… ahora que lo pienso, creo que la cosa empeoró cuando lo sobrecargaron de peso. No fue buena idea guardar allí también las achuras de mi hermano – concluyó Rogelio

Se produjo un repentino silencio y luego…

– Ehhhh, amigo ¿dije algo malo? – exclamó Rogelio, al ver que Mario se desplomaba

 

L. C.

Comentarios

  1. Opzmo

    6 abril, 2021

    Ja ja ja…, ya me has alegrado el día luego de mañana, Laura. Buenísimo y sumamente divertido. Pienso que la gente, principalmente los propensos a la mufa, deberían empezar y terminar el día con algo gracioso, un cuento, un sketch televisivo o con un cuento de Landriscina, con seguridad el día se les haría menos pesado. Saludos!!!

  2. Pablo Mario Gambino

    6 abril, 2021

    Me gustó. Beso!

  3. Mabel

    6 abril, 2021

    Muy buen Cuento. Un abrazo Laura y mi voto desde Andalucía

  4. Esruza

    7 abril, 2021

    Muy divertido, Laura.

    Te doy mi voto

    Estela

  5. Laura C.

    7 abril, 2021

    Francisco, Pablo, Mabel y Estela, les estoy muy agradecida por su presencia. Y me alegro que se hayan divertido con mi cuento, ése era mi propósito.
    Saludos cordiales para todos.

  6. Laura C.

    7 abril, 2021

    Olvidé mencionarte, JR Pineda.
    Gracias a vos por siempre estar.

  7. Gian

    10 abril, 2021

    Excelente relato.

    Saludos y mi voto.

    Gian.

  8. Laura C.

    10 abril, 2021

    Gracias, Gian, por tu comentario y tu voto.
    Saludos.

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