La última palabra

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 ¿Votar?

¿Por qué?

¿Por quién?

¡A cambio de qué!

«Existe tres categorías de ciudadanos: los que sirven a las personas: los que sirven a sus intereses… y los que sirven a su patria»

 

El día llegó en que la encrucijada, el cruce de caminos, colores y corrientes políticas se despejará. El día en que el Estado y la Ciudad, en la voluntad de cada uno de los mexicanos, decidirá el destino del país, y el modelo de sociedad y gobierno que desea para si mismo y para sus hijos. El día en que el elector, el ciudadano mandante y pagante de la democracia, hará sentir con su voto el ejercicio del poder del soberano, el Pueblo: origen, actor y destino de la democracia.

Las estridencias del bailongo callejero, de las campañas de los fetiches, cesaron, y con ello el dispendio, el despilfarro y las toneladas de ba­sura esparcidas como argumento. Los partidos y sus esquiroles cumplieron con su cometido. Unos festivos y triunfalistas celebran con antelación el triunfo del «imparable predestinado» o se insinúan fingidos y vergonzantes en contra del «maloso y aua compinches». Otros, se desbordan temerarios en pos de la utopía, del triunfo inmediatista, inconsistente y a ultranza, basado más en las cifras de las encuestas, y en el supuesto rendimiento mercadotécnico del dinero y la propaganda invertidos.

Pero habernos otros más, aquellos ciudada­nos que nutridos de nuestra identidad histórica y cul­tural mexicanista, nos hemos impuesto al deber de expresar las ideas, para contribuir con nuestro análi­sis y opinión, al enriquecimiento de las opciones y ra­zones por las que el pueblo llano puede optar, dentro de un ejercicio de libertad e instrospección que nace de la certidumbre, de la pertenencia, a la nación hidrocálida. para decidir —de una vez por todas— el curso de los acontecimientos para botar lo insufrible y para com­prometer, con el voto, el futuro de los mandatarios y los representantes del pueblo, en la tarea inaplazable de resconstruir esta desolada patria.

Porque lo grave, lo mero principal, en esta contienda electoral, es el dile­ma, la condición sin retorno que implicará el resultado: un proyecto de involución y servidumbre por otros 500 años; o la vuelta a la patria progresista, modesta quizá, de nuestros ancestros, pero siempre constructiva. A la «Suave Patria» que nos cantó López Velarde: tan diáfana, cercana y provinciana, pero tan entrañablemente nuestra y generosa.

Históricamentem sucede algo semejante a lo que expresó Melchor Ocampo en Querétaro, después de la invasión norteamericana en 1847: «Es vergonzoso verificar que, el pueblo mexicano y su soberanía aquí reunidas, no hemos tenido ni el arrojo del bárbaro ni la previsión del civilizado para defender a la Nación».

¿Será posible que la voz, el mandato del pueblo, esté todavía amordazada, mediatizada, a 174 años de distancia?

¿Será posible que los electores, en plena conciencia de nuestro poder democrático, no podamos expresar en las urnas:

¡Yo soy el que mando! ¿Y el mandatario lo respete?

— para manifestar con un ¡basta ya! a la imposición facciosa, y a los maridajes antinatura?

¿Será posible que la apatía, la dejadez y el valemadrismo, como lazo maniatador o como dádiva cómplice, cancele la libre expresión de nuestra voluntad —el voto ciudadano?

Porque es el Pueblo el verdadero soberano: El mandante y pagante del gobierno

  • Todos los mexicanos esperamos cambios tangibles, lógicos y de una contundente simplicidad electoral. Lo que está en juego es el futuro de la patria chica y la nación por medio de la alternancia electoral demócrata.
  • De ese cambio mexicanista, emanado de la historia y el proyecto constitucional que nos define como pueblo y cultura. De esa tradición popular rica en gastronomía, hospitalidad y convivencia turistica.

 

El votó es como un espejo:

¡Reflejará a tu rostro y a tu nación!

Como en un retrato de familia.

 

CORTEX

Comentarios

  1. Laura C.

    31 mayo, 2021

    Por desgracia lo expresado por los candidatos durante las campañas presidenciales rara vez se cumple.
    Tampoco son de fiar las encuestas.
    En mi opinión el voto debería ser calificado y voluntario.
    Un saludo cordial.

  2. Cortex

    1 junio, 2021

    Gracias, querida LAURA.

    Parce que todo en la política electoral es un «torito de petate».

    Una simulación ruidosa de los personajes y fantoches de una festividad callejera pa´convalidar los votos-gobierno.

    El torito de petate y serpentinas multicolores del candidato-partido.

    La gente azuzando al toro para que embista.

    El torero que pretende «torear» al toro diciendo sus verdades.

    La maringuía, la mujer visual que provoca al toro y al torero pa´ calentar los ánimos.

    El picador y los banderilleros para embrutecer al respetable.

    Y la plebe enardecida con las piruetas y saltimbanquis

    que pagará con su óbolo (voto) el convite.

    Un saludo cordial.

    CORTEX

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