Votando fuera de la Nica

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«Las campañas electorales, dislocadas por la discordia y la codicia, muestran el valemadrismo y la vulgaridad de los partidos, los candidatos y la chacota del «bailongo» que convoca a la gente a rebotar»

 

 

México está lleno de personas valiosas, educadas y teó­ricamente capaces, aunque el re­sultado de su quehacer político sea decepcionante. La cuestión parece radicar en la forma como se conec­tan o perciben los mexicanos entre sí: los fifís, los chairos y los encomenderos de palacio.

Una campaña electoral -de una sola voz- puede ser más impactante que la suma de sus partes dispersas, sí la voz contiene la cohesión aglutinadora «yo soy el trueno», o por el contrario, el díscolo refrac­tario de la no pertenencia, “al carajo las tarjetas, a mi mi moche”…

Todo dependerá del modo de operar sus estrategas. Por eso, un campe­sino empobrecido en México, cru­za el Bravo y se convierte en bra­cero; trabaja duro y puede llegar a crear una empresa en cadena tipo Taco-On; así como un investigador sin porvenir en México puede alcan­zar allá el premio Nobel de ciencia. Es más, sin salir del país, una mis­ma persona puede tener rendimien­tos muy distintos al pasar de un contexto operativo a otro (nadie es profeta en su tierra); verbigracia. los excandidatos Madero de Chih., o el toro Macedonio y su Torita Aca.

Bajo la estrategia de una «Tran$acción por coincidencia$», no es difícil imaginar buenos equipos que se arruinen intercambiando al azar, unos con otros, la mitad de sus miembros (Cruzazul-Pachuca, Monarcas-Tijuanos). O las peores cruzas del maridaje partidista PAN-PRD; PRI-PES; PT-PEM-4T y anexas.

Y aunque la suma de las personas valio­sas siga siendo la misma, el resul­tado se desploma con los proble­mas de adaptación, los protagonismos y las circunstancias en los momentos de hacer los cam­bios y postulaciones a las gubernaturas, las curules y los ayuntamientos. Como que se hará el remate de tiradores adhoc frente a los intereses de los clubes y magnates de los establos, convertidos en herraderos, pa´sacar a los bueyes del lodazal, quitarles el estiercol y desinfectarlos pa´los comicios.

Por otro lado, sí la suma de talentos no dá para más, ¿de dónde saldrán las propuestas para que estos cambios den resultados positivos para servir a la gente?

Habitualmente de líderes capaces de esta­blecer metas realistas, factibles y medibles, dispuestos a organizar los recursos -acostumbrados a servir y a reclutar gente idónea-– no las “chuchas cuereras” , las rémoras partidarias del toma y daca. Lo cual es difícil sin el control de la situación, es decir, sin la retroalimentación de que —lo que se apli­ca— dará los resultados previstos y satisfacerá tanto al usuario (candidato) como al destinatario (votante) evitando los votos por mendrugos.

Si un prospecto activo y con ini­ciativa, entra en un equipo donde la cosa es calmada, puede descu­brir que los demás aprovechan su diligencia para hacer todavía me­nos que antes. La típica inercia bu­rocrática institucional de: «no te muevas… y permaneces, aunque el edificio se caiga».

O peor aún: que le impidan actuar para que no los pongas en evidencia. Estas son las adaptaciones viciosas: el interfec­to tiene que irse, marginarse o adaptarse. Lo mismo sucede con un buen equipo obligado a interconectarse con burocracias (públicas, privadas o gremiales) que ni hacen ni dejan hacer. Las personas o equipos competentes, serviciales y decentes (rara avis), tienen entonces que ganar poder (lo que implica entrar en una guerra ingrata y de resultados inciertos), adaptarse para sobrevivir, o de plano tirar el arpa.

Los sociólogos de la ergonomía no han estudiado la ecología de la corrupción, la incompetencia y la irresponsabilidad públicas, como una plaga que se extiende y sofo­ca el desarrollo personal y social. La verdadera cuestión está en cómo se forman y transforman los nichos ecológicos que favorecen o asfixian una existencia feliz y productiva; de cómo se trasmiten las plagas de unos ambientes a otros y de qué pue­de hacerse para evitar el parasitis­mo reinante transgeneracional de nuestro país.

¿Pero, cómo cambiar las per­cepciones, los ambientes operativos después de tantos años de incompetencia? México se volvió un país de tercera con gente de pri­mera. Sacar al monopolio tricolor de Los Pinos fue fundamental, pero no suficiente. La adaptación a un me­dio viciado pasó de unas genera­ciones a otras (la inercia de los 70´s), por lo que se comprende la gravedad del monopolio, aunque no se justifica su permanencia corruptiva «para seguir siendo libres».

Cuando la plaga de la co­rrupción se establece en una fami­lia, en una institución, en una em­presa o en una comunidad, el no adaptarse a ello y tratar de cambiar las cosas desde adentro conduce fácilmente al fracaso, y en caso extremo, a la muerte. Emigrar puede ser lo sensato, pero también se comprende que millones se resistan a ello para no morir en el intento (como los sudacas en la frontera norte).

El cambio siempre produce temor. Pero siempre habrá también inadaptados –idealistas– que den la pelea, aunque parezca absurdo, ya que están convencidos de que lo diverso y, tal vez, lo mejor, es posible. Los hay, dentro del mundo dominante de los sumisos y adaptados, algunos que cambian obligados porque se sienten atrapados o porque la degradación ya no los beneficia. En estos casos, el contagio puede ser positivo.

Por eso, vota (+) y rebota (-), que no es utópico suponer que lo mejor vendrá votando, puesto que es preferible lo malo que lo peor, aunque parezca pipiar fuera de la Nica.

 

 

CORTEX

Comentarios

  1. Esruza

    24 mayo, 2021

    Creo que no votaé, me tienen cansada, más bien anularé mi voto.

    Estela

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