¡Se los mudaron al Potomac, señor de Tenochtitlán!»
El aleccionador fenómeno de la normalidad democrática… tiró al magnate naranja a su resort Mar-a-Lago de Miami, dejando a su incondicional del Zócalo con el chapopote del Deer-Park en Texas. Lo anterior es una presuncion personal que deriva de una sospecha «sotto voce» que, a su vez, nace de la discreta, sutil y aterciopelada prédica del Presidente sobre el auge de la industria petrolera. El eminente egresado del «Campus Raza de CU» nos demostró con su rasgo sobresaliente, la mesura, como se tejen las redes del poder para establecer de manera cuasi imperceptible la llamada normal¡dad de la transición democrática: del carro completo en las Cámaras, la Corte y los virreyes provincianos para amacizar el poder con la máxima de «sólo mis chicharrones truenan» se quedó en carro de dos tercios, como el dos de tres de los chairos vs los fifís.
Y es que las cosas se sucedieron de manera tan facilita que es difícil diferenciarlas de un guión preestablecido estilo prianovela mexicana en donde todo sucede como en familia, pues parece que las premisas de la moral de Estado siguen pareciéndose al apotegma de G N Santos del «árbol que da moras» confluyendo en los hechos en la ría electoral partidista incestuosa de que «el fin justifica los medios», tradición pentacolor de que no importa cómo lo hacemos, siempre y cuando trascendamos en la escala del poder. Abusados, los descendientes de 500 años de mestizaje al estilo «Jijos de la Tiznada» de don Octavio Paz.
Y eso precisamente es lo que el huesped de Palacio ha confeccionado para su futuro, en contraposición a lo que sus predecesores han intentado reiteradamente. Veamos:
El presidente Zedillo emerge al poder en una circunstancia de transición harto peliaguda, y con un hoyo financiero de 50 mil millones de dólares. Acude a su colega Clinton con el que guardaba una relación ex-a-Yale, quién le facilita los recursos vía el Tesoro Nortéamelo, el FMI y el BM. Obviamente nada es a cambio de nada y se le pide cumplir las líneas de atención (contención) del combate a la pobreza –con el ingenioso FOBAPROA– mientras da consolidación al programa neoliberal establecido por dos predecesores inmediatos.
Al reactivarse la economía se privilegia a los grandes concentradores de riqueza, convertidos ahora en banqueros-negociantes. Se desmantela la actividad agropecuaria y el mercado interno y se impulsa el esquema industrial maquilador para la exportación de productos de mano de obra barata y materias primas, incluidos algunos agrofrutos selectivos. A cambio se importan excedentes y sobrantes de las industrias norteamerinas de todo tipo, pero especialmente de chucherías, balony-beef, golosinas & suntuarios. Se consolida así el TLC, en el que los ganadores son nuestros socios semitas, los gananciosos especuladores y banqueros. Y los perdedores, como siempre, los aborígenes aquende el Bravo.
Obviamente que semejante riqueza extraída a la nación mexica se debe reflejar en el correspondiente vacío contable, y eso es precisamente lo que ocurrió con el famoso FOBAPROA: «EL FRAUDE DEL SIGLO», que nos dejó a todos los mexicanos una deuda excedente por pagar de nuestros impuestos y del propio patrimonio nacional exhausto (Pemex, CFE, Litorales y Recursos Humanos-Naturales en servidumbre), pues el del Milenio vendría con las AFORES.
Mas los resultados, a contraluz de lo expresado por el bolerito de Irapuato, fueron fatales, como hoy; 16 millones de pobres, desaparición de Liconsa y Conasupo, y un crecimiento económico y un retroceso social en los que se invierten menos recursos que en 1994 (9.5 del PIB en 1994 y 9.4 en el 2000), mientras que los excedentes petroleros se aplicaron al pago puntual de los neo compromisos financieros del régimen.
¿En dónde quedó entonces el bienestar para las familias? En la volatización de las micro empresas que representa el 95% de la planta productiva empleadora y en la «chágarrización» de las actividades empresariales para los menesterosos mexicanos en pandemia.
Como diría el eximio senador Bartlett: ¿Y la normalidad democrática del Pejeyac?
¿Cuál? Si siempre hemos vivido en ella, –en la telaraña leguleya del Estado de Derecho–, que es simulación, trampa y vasallaje institucional. A la que, neurofisiológicamente, estamos acondicionados puesto que la caída del sistema en 1988, no fue sino una anormalidad transitoria que confirmaría la regla.
¿Qué nos espera el día D después del maridaje partidísta de los resultados electorales?: LA TRANSFERENCIA DE LA INDUSTRIA ENERGETICA EN BANCARROTA A LOS DESIGNIOS DE LOS MAGNATES DEL DEER-PARK TRANSACTION, pagar a mister Trump los favores y al imperio del Potomac subordinación, orden y trabajo.
CORTEX





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