EL POPULISMO

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“Las tontas y los cornudos tienen el derecho a elegir a sus engañadoras”

 

 

El sofisma del populismo destruyó la racionalidad electoral porque ancló creencias falsas que se propagan sin necesidad de prueba alguna. La palabra «populismo» no está definida cabalmente y se utiliza en forma vaga en los convites electorales.

El sistema democrático puede vivir sucesos civiles y sociales embozados de populismo. Los venezolanos tuvieron que soportar al coronel Hugo Chávez y luego al sub Maduro, ambos subsidiados por el petroleo; los cubanos aguantaron a los Castro en el Limbo, y los nicaragüenses a los Ortega, hoy clones de Somoza; mientras acá, los mexicas tene­mos en el horizonte la posibilidad de vivir bajo «el rayito de esperanza, y bajo la luz del mundo, iluminados por el chapopote del Peje».

Al populismo lo define el tumbaburros así: «régimen político que intenta buscar el apoyo en las masas populares para defenderlas, por indefensas, y hacer por ellas, con los votos por mendrugos, en el gobierno a ultranza».

Curiosa definición porque todos los políticos intentan el apoyo del populacho y no existe un régimen político que ataque a las masas populares: vamos, ni los legionarios del Eco-Verde-Simi se atreverían.

LAS VARIANTES. Hay un populismo neutro en donde algunos líderes «toman preferencia por los pobres» como la vocación que han declarado algunos jesuítas (Marcos) o los seguidores de la teología de la liberación (Mendez Arceo). Este populismo, tipo Aristide el de Haití o Endorgan en Turquía, se pudiera enfocar a beneficiar a los pobres y desenpleados, sin embargo, sus resultados son de corto plazo, porque no se desarrolla la autogestión personal y el pueblo se acostum­bra a vivir de la caridad. De todas maneras, el pueblo encuentra cierto sosiego momentáneo, porque el hambre, con cariño, es menos, y las palabras dulces, la atemperan: «Maternalismo benigno al estilo Evita Perón».

MEROLICO. Es un populismo placero-parroquial, promete y se anuncia con sendos decálogos de marketing social para convencer al populacho de las bondades del partido y los candidatos del bailongo a la «chaira-banda-comicial».

Este populismo ya contiene elementos perniciosos, porque la gente cree que le van a mejorar su postración y esos merolícos, una vez en el poder, les recetará, que, «para progresar, tú eres el que tienes que estudiar, esforzarse, salir del atolladero con la «enciclomedia» o buscar la manera de ser útil, changarreando, dando patadas o ser taco-productivo”.

Y si es de bracero, ¡¡¡DIEZ!!!, “pues te convertirás en benefactor social con las remesas de dólares».

Bajo este populismo de carro completo los políticos prometen, por ejemplo, acabar con la corrupción, la inseguridad y la pobreza en un santiamén, recetándonos decálogos de moral y buen gobierno.

COMO EN LA TELE. El merolico, al invadir la política, se parece mucho a la publicidad chatarra. Todos los hoteles te prometen un paraíso, todos los restaurantes sirven manjares, todos los «menjurjes» untados o tomados te bajan de peso y embellecen con TV testigos.

Todas las iglesias te ofrecen paz en la tierra y la gloria en azul. Todos los «palomares infonavit» son residencias de lujo y todos los ahorros multiplican tu capital. Tal vez por eso el PRD-Jalisco y la secta de La Luz del Mundo unieron su fuerza populista emulando a los marianos de ProVida:

–«El creyente tendrá su recompensa en los resultados prometidos por el merolico o al menos una estampita jaculatoria».

EL MALIGNO. Este populismo está de moda en el cono sur, del cual formamos parte. Si Maduro o Castro grita que «existen pobres en Venezuela porque existen ricos que se asocian con empresas extranjeras para explotar a los pobres del país»:

–“¡El referéndum popular les dará la razón!».

Si AMLO les dice a los pobres daminficados de la MetroCiti L-12 y sus Ruinas que él ha sido “un rayo de esperanza durante 23 años en el gobierno del D.F.” y porque él los va a salvar de los innombrables y de las fuerzas oscuras, lo que está haciendo es alimentar la ingenuidad (pendejez) de los pobres y adormecer su talante para estudiar, esforzarse, rebelarse a tener menos hijos, y capacitarse -sin comics- para lograr su independencia personal.

Cuando «Marcos» Guillen les dice a los zapatistas que los encomenderos blancos los quieren esclavizar, lo que hace es impedir la racionalidad del pueblo indígena al condenarlos al oscurantismo de los “usos y costumbres” que ha generado su propia postración. Cuestión de ver la venta de niñas en Guerrero y la imposición de la Torita, hija del desvirgador Macedonio, a la gubernatura por obra de YSQ.

 

TONS: ¡Puro opio populista brody¡

 

CORTEX

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