Hastiado del fastidioso bullicio
del cúmulo de edificaciones
constituido de retorcidos hierros,
me aventuro por los linderos
de un abstracto jardín botánico;
observo como de sus multicromáticas flores,
las revoloteantes mariposas beben
el nacarado néctar que guarda en su líquida sustancia
las constelaciones de un universo,
las cuales en su huida de la extinción
se refugiaron en los pistilos
de esos capullos, poseedores de la apariencia
de haber nacido de las despreocupadas pinceladas
de un pintor incorpóreo.
Con mis miembros agotados
por la exigente rutina
de una obligada encomienda sin sentido,
caigo rendido ante el suave tacto
de la verde alfombra, rebosante
de las perladas esferas del rocío matutino;
logrando refrescar mi asediada mente
por los punzante recuerdos
de un adiós sin conclusión.
Las horas pasan diluidas
entre mis extremidades,
cundidas de pequeños insectos
de cromados resplandores;
diviso atentamente a una libélula,
que desprende polvo estelar con cada aleteo,
se posa en mi regazo y me narra
sus viajes por los vastos desiertos
del inconsciente onírico,
inunda mi percepción
con los secretos robados
a las arcaicas esfinges de mármol
que los custodiaban,
hasta que se eleva partiendo
hacia las orillas del oceánico firmamento.
El manto negro de seda cae
sobre la bóveda transparente,
haciendo titilar diminutos puntos de blanca aurora;
del pasto comienzan a brotar
cientos de chispas incandescentes,
danzantes al compás de la orquesta
de miles de grillos,
parpadean sin cesar, expulsando etéreos versos
de breve luminiscencia;
elevándose hasta rozar las copas de los sauces llorones,
llegando a fundir sus brillantes núcleos
y descomponiéndose en microscópicos fotones.
Olvidándome de absurdas preocupaciones,
permanezco en este jardín acuarelado,
haciendo que de mi carne broten
resistentes raíces, que van penetrando
hasta lo más profundo del sedimento;
despojándome de mi humanidad
rebosante de contradicciones y sinsentidos,
y transmutándome en un ser arbóreo
que se va mimetizando con el verde entorno;
botando a lo largo de mi recién adquirido follaje
los pensamientos de nula importancia,
siendo imbuido por la transparente esencia
de una libertad estática.




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