Gracias, compatriotas:
Ahora sabremos la verdad. Nos enfrentaremos a un proceso en el que las instancias calificadoras, definirán la voluntad de los mexicanos expresada en las urnas. El ejemplo de responsabilidad y conciencia cívica del soberano, el que manda en casa, ha sido la resultante más valiosa. Se logró despertar esa conciencia ciudadana adormecida por varios lustros, en los que el abstencionismo y la apatía fueron el denominador común. Hoy todos celebramos el triunfo de la civilidad, del interés por nuestra casa y el amor a la Patria.
Los ganadores seremos los mexicanos de cepa ya que de los resultados finales de los comicios, una vez ponderadas y depuradas las cifras reales, el nuevo Congreso tendrá la enorme tarea de enderezar la correlación de fuerzas políticas del país y poner en práctica las propuestas y los vetos por las que votó el pueblo de México. Pero también tendrá esa Soberanía que considerar la conveniencia de adaptar gradualmente el rumbo que la República demanda–la equidistancia de los poderes– y que quedó de manifiesto al votar por otras ofertas y reclamos difundidos por los partidos concurrentes en la contienda electoral.
Proclamas y directrices que demostraron tener una fuerza popular real y una capacidad de convocatoria con bases de sustentación ideológicas y populares. En otras palabras, la nueva correlación de fuerzas que se desprende de esta elección, deberá dar cabida a los proyectos y programas alternativos que los partidos y corrientes propusieron al pueblo de México y que quedaron vigentes al sustentarlas la votación significativa de sus partidarios por un Congreso de la Unión plural, definitorio del Ejecutivo y no al revés.
El País debe avanzar en la consolidación de su democracia. Es tiempo de prepararnos para los cambios cualitativos que deberá experimentar nuestra sociedad, y es el tiempo también de que el sistema político mexicano y el gobierno que emerge, puedan promover la evolución del propio sistema para que, en un acto de congruencia y equidad productiva, nuestro sistema de partidos pueda acceder a una etapa superior en la que la relación entre gobernantes y gobernados pueda ser menos desigual, más participativa y plenamente democrática.
Es tiempo de que los mexicanos podamos acceder a un desarrollo económico próspero, equitativo y sostenido, no para que los privilegiados aumenten su riqueza, sino para que el pueblo: votante, mandante y pagante del gobierno, viva mejor.
En mi modesta condición de observador pude comparar y ejercitar el trabajo político; a convivir con una serie de disímbolas personas, grupos y partidos.También tuve la oportunidad de confrontar las tesis y las teorías de mi formación política, y pude verificar la existencia de las cualidades y características de las personas y de su interacción con los demás. Observé el comportamiento tanto social como individual de los campeadores comiciales, logrando identificar sus valores relativos y también sus mezquindades notables.
Conviví con la cizaña y con las espigas. Pero pude darme cuenta de mis propias limitaciones y de los rasgos que mi carácter poco flexible e idealista contiene. Por ello quiero agradecer a esta Tierra, a su sociedad, a sus instituciones y tradiciones, y a todas las personas que de una manera directa o por relación de terceros me permitieron realizar esta edificante etapa de aprendizaje.
Yo creo que todos hemos ganado. Ha ganado la comunidad hidrocálida, que me acogió cual madre putativa, generosamente.





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