Enfermedad y ente

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Sentado está, en un sillón escarapelado. En un montículo de escombros.

Los vientos, con su paso audaz, moviliza los rastrojos, de la destrucción. Los árboles impúvicos oscilan, por él. Los edificios crujen; en una sonora amenaza, de derrumbe.

Hoy desoladas, las calles, tan vivaces antes. Estallaba el gentío, cual hormiguero en verano.

La convivencia se fue tornando desapacible. Cada condado dejó de soportar a otros, así empezó todo.

Después cada comuna, las amistades y asociaciones, fueron degradando. Ahora cada familia, veía y velaba, por los suyos.

Las cosas que antes importaban, como el dinero, se podría o simplemente volaba por las ciudades. Los diamantes, los rubíes, el oro, la plata, el platino, estan entre los escombros, en las calles como basura. Brillan y centellean, como cualquier metal o vidrios hecho añicos.

Los muebles de exquisita confección, las indumentarias de las mismas condición; ahora son estragos. Todo se destruyó, el robarle una pequeña fracción de aire a su estancia cotidiana, se volvió imperante.

La naturaleza rescató las superficies perdidas por las construcciones, los pavimentos, hasta los gloriosos puentes inventados por los romanos, se desmoronaron y algunos fueron una simple esfinge del orgullo que fueron.

Los animales se volvieron peligrosamente multitudinarios y salvajes, estaban siendo ellos mismos. Ya no quedaba casi depredador en contra de ellos.

Un veneno invisible invadió cada célula, de cada Homo Sapiens evolucionados.

Cada uno, rival del otro, mutiló a otras familias. Solo por el hecho de no coincidir, en el nombre de los días de la semana. Así poco a poco se fue desapareciendo linajes enteros.

Desmesuradamente la población fue decayendo, fueron de miles a cientos pocos en el transcurso de los años.

Donde antes había majestuosas carreteras, puentes y construcciones, la naturaleza hacía su majestuosidad. Las calles más pomposas de la ciudades, los escombros se apilaban, la Hierba crecía entre los autos a través de ellos, y en una hasta un árbol se digno en endir sus raices y a erguir su tallo esplendoroso.

Madre tierra esta allí recuperando lo que le pertenece, pero el ser humano esta allí también, en menor proporción, pero está reproduciendose para cometer los mismos errores o muchos peores.

 

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