29 nov 2011
Aprendí a mirarte, recorriendo las líneas que se cruzan en tu rostro, en tu cuello, en la palma de tu mano.
Aprendí a leerte, como se aprende a respirar, de sorbo en sorbo, de suspiro en suspiro, de grito en grito.
Aprendí a quererte, con prisas, con risas, suaves y salvajes, que se escapan libres por las ventanas.
Aprendí a nombrarte, a tocarte, a sentirte, con la punta de la lengua, con las entrañas, con cuentos y poemas.
Aprendí a escucharme en tu cuerpo, acurrucada en el silencio de tu garganta.
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