La nada era insuficiente, el todo era demasiado. Y, ¿cómo dar a medias si la razón no entiende de mitades ni verdades partidas? O todo o nada. O blanco o negro. No había más luz que iluminase entre lo que estaba de más con lo que estaba de menos. Habían dejado de observar, nada era visible, ni siquiera sus colores, sobre todo ese azul que tan suyo fue. Azul, pequeño, pobre olvidado por entonces. Habían pasado tanto juntos… Les había dado demasiado, hasta tal punto de sobrepeso sentimental que lo borraron de su mente por tanto mirarlo, por tanto tratarlo, que ya ni se acordaban de su significado. ¿Cómo habían llegado hasta el límite?
¿Por qué?
Para ellos ya solo existía tirarse al precipicio o quedarse en tierra. Tierras separadas. Y tenían que decidir. ¿El miedo a caer sería más grande que el miedo a la nada?


¡Bienvenida a Falsaria!
Gracias por publicar en la red social literaria.
Un saludo,
El equipo de Falsaria.
Un texto inquietante y sugerente, me ha gustado.
Saludos
Realmente muy bueno! Me quedo “Picando”…..
El miedo a veces nos puede, yo no sabría qué decidir…
Es cierto que te queda picando, con un regusto ahi…. excelente texto, tía!
Felicidades
Gracias Nicolás
La intención era esa y me alegro de haberlo conseguido.
Intrigante, misterioso texto. Me gustó. Saludos, Beatriz.
Me alegra que te gustase, se intentará mantener un buen ritmo con los textos.
(: