Hacia el segundo decenio del siglo XXI, el barrabravismo se había convertido en Platalandia en una práctica más o menos institucionalizada, o al menos, tolerada como inevitabilidad, como tantas otras malas costumbres. Ni el más fervoroso cabeza argentino osaba endilgarle la paternidad de las barras a nuestro país, como sí...
Archivado en Cuentos
