Ars Alna

El otro de muchos es este Andrés que escribe esto. Siento que he cambiado, no esta vez, muchas veces, he transformado, por voluntad, por coacción, por omisión, por atención, por abstención, por lucidez, por sensatez, o irracionalidad. He cambiado no para bien ni para mal, solo soy otro, otro de muchos, hoy pienso el Andrés de ayer y en cómo me pensará el de mañana. Somos granos de arena reunidos, desgastados, difuminados y arrastrados por el mar de las ideas. Escribo esto por conciencia del cambio, un quid Divinum que ilumina esta noche, estrellada toda ella, con luna creciente, que mañana será menguante, ayer nueva y llena algún dÃa. La luna cambia como los yos que me componen y descomponen en incesante alteridad, alternancia, sinergia de causalidades y casualidades, todo en esta noche estrellada sin estrella fugaz, estrella esquiva, que existe solo a la cola de luminiscente tiempo y recorrido que desborda, solemos creerlas excepcionales, pero, creo que simplemente no miramos con frecuencia a sus dominios, la noche y su infinidad de yos gravitándose, gravitándonos, extinguiéndose, aflorando en eterna danza. Ya no soy ese Andrés que escribió “el otro Andrés†ese Andrés ya fue, soy el siguiente, el nuevo, pero no obligatoriamente, inexorablemente un mejor Andrés, este nésdar se modifica ahora, la huella del tiempo se imprime en su centro, hay algo en el centro que permanece, no hay cambio sin permanencia me grita el sabio, ¡yo! ¡Andrés! ¡Soy! ¡Existo! Tal vez solo sea esto una mala copia de Harry Haller, o es esto acaso una confirmación de sus designios. Soy hoy otro, mañana un el, un aquel, un todo, un nada, un yo.