Cuando en la librerÃa interrumpió un ladrón para llevarse todo el dinero de la caja registradora, no hice nada. Continué ojeando aquel libro. Nadie se alteró en absoluto, ni siquiera la joven que atendÃa la caja registradora. Estábamos ya acostumbrados a su visita de todos los jueves por la tarde....
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