Escribo por escribir, porque mis manos no pueden estar quietas. Son manos inquietas y dedos traidores que algunas veces aprietan las teclas que una no quiere apretar. Y una no quiere apretarlas para no dejar escrito, pues lo escrito escrito queda, todo aquello que yo siento que pasa por mi...
Archivado en Cuentos

