Me duele el hacha de silencio que se me clava inmaculadamente. Los adverbios que golpean, la marca de los dedos en el aire. Vuelven a punzarme los muslos embebidos de gente, la carencia de un labio abriéndose. Me duele el frÃo espumoso, las venas que se mecen solitarias, la espalda eternamente...
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