Fue el tercer dÃa en el que se respiraba la lúgubre sensación de soledad en las leves ventiscas de medianoche. Un auto, cuyas descripciones desconozco, se estacionó cerca a la esquina de la cuadra 42 de la avenida Alfredo Benavides. Dos hombres de jactanciosa elegancia arrojaron, con ademán apremiante, a...
Archivado en Novelas
