- Dime la verdad! - Pero mamá, ya te dije, la encontré en la playa. Tenía las alas rotas y la traje para acá. - Esas alas no son de verdad, tarugo! Mírale las uñas, y toda la trompa pintada de sabe-qué… Ni modo, ya qué. Ahí viene la tormenta...
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