Era un punto fijo en el universo de sus ojos, como un planeta en mitad del abismo: Justine, Justine, Justine. Callaba siempre, como un muro, pero se deformaba bajo las sábanas con la facilidad insinuante de las nubes, tomando formas esenciales, sexuales. No necesitaba pretextos ni excusas para amarla, sencillamente...
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