Cierta tarde de mayo, aprovechando el tibio calor de la primavera en la montaña, me encontraba caminando por uno de los bosques que rodean la fortaleza. La hierba despuntaba verde sobre un suelo más acostumbrado a la nieve y las huellas de lobo. Los árboles, cubiertos de espeso musgo blanquecino,...
Archivado en Cuentos Destacados


