La sicóloga Tafur estudiaba las neuropatías radicales del amor. Había escrito el más extenso diccionario de criminales de corazón helado y sufría de un inconfesable enamoramiento por los asesinos más despiadados. La noche que repicó el teléfono por rachas de tres timbrazos supo que era Johnny, el asesino del pollo...
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