Las manecillas del reloj apuntaron las 12, y ella no podrÃa imaginar lo que le acontecerÃa aquella noche. Pestañeando varias veces atizando su visión, observo a su alrededor.- ¿Sabes dónde estamos?- preguntó espantada (-Afrontémoslo: hemos muerto y con nosotros el último de nuestros recuerdos.) - ¡¡imposible!!- exclamo. Mientras seguÃa en guerra...
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