Tembloroso y aturdido, el perinquén acudió a la Plaza de Santa Ana para contarle sus miedos al perro. —Estoy asustado con estas obras que parecen no acabar nunca —dijo suspirando. No temas —respondió el perro—. Quédate conmigo, yo te protegeré. Estoy aquí desde hace más de cien años y conozco tantas...
Archivado en Microrrelatos

