T. Ricardo Frago
(Madrid, 1974) es periodista porque tenía que ser algo y «cuentista» quedaba mal en el currículum. Lleva inventando historias desde que tiene uso de razón, así que sus infructuosos intentos por ganarse la vida «como Dios manda» han acabado como debieron comenzar: persiguiendo el sueño de juntar palabras para divertir y divertirse.
Últimas entradas por T. Ricardo Frago
  • 23 nov 2012
    Ni ángel ni poeta
    ¿Se puede ser poeta, con el alma rota? ¿Puede haber un ángel, con el alma en pena? Con el alma rota, con el alma en pena, se puede ser lucero en un firmamento de estrellas infinitas, se puede ser silencio en el recodo de un río, se puede ser pedrusco...
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  • 28 may 2012
    Dos niños y la muerte
    Cuando el mundo era joven y el tiempo aún miraba con dulzura los rostros de los hombres, nacieron dos niños del vientre de una hechicera. Uno era claro como un rayo de luna; el otro, oscuro como las entrañas de la tierra. —Un don os daré antes de abandonaros —dijo...
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  • 17 may 2012
    El talento y la suerte
    El talento no tiene dueño, va y viene a su antojo, es caprichoso e inconstante. El talento es exigente, y por eso rebusca lo mismo en el joyero que en la basura. Es invisible e inodoro, pero no es neutro. Es desinteresado, pero no es indomable. El talento no tiene...
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  • 27 nov 2011
    Destino
    Hay cierto placer morboso en la anticipación de un reencuentro. Y cuando ese reencuentro se ha demorado diez años y sabe a victoria, la espera es como un impúdico adelanto, un anticipo delicioso. La venganza —esa que consiste en quitarle a otro la satisfacción de verlo a uno derrotado— siempre...
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  • 21 nov 2011
    Valentía
    Odio la palabra «coraje». Pero la palabra «valentía» no es mucho mejor. Dicen que cuando uno no encuentra la palabra adecuada, es mejor no decir nada. Pero me niego a callar cuando lo que hay que decir es tan inmenso. Tengo una amiga. Bueno, tengo una Amiga. De esas con...
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  • 07 nov 2011
    Dolores, su mejor Lola
    A sus 43 años, Dolores —Lolita en casa, Lola para sus incondicionales— aún es tímida (una desgracia como otra cualquiera); por eso habla de ella en tercera persona. La nacieron en Madrid y, aunque dice que le habría dado igual nacer en otro sitio, echa de menos el sol de...
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  • 25 oct 2011
    José
    Con las mandíbulas tritura los restos del pollo frito y fuma. Llueve con desidia sobre el alféizar de la ventana mientras engulle y observa cómo una hormiga alada danza con la muerte bajo el peso de una gota de agua. En la televisión, un contertulio con la vena hinchada grita...
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  • 14 oct 2011
    Incoherencias….
    «Paz», gritaron unos; y se echaron a las calles para imponerla por las armas. «Democracia», exigieron otros; y usaron bombas para sembrarla en el desierto. «Libertad», reivindicaron más allá; y se la quitaron a quienes se les opusieron. «Respeto», fue el clamor colectivo; pero dieron la espalda a los que...
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  • 08 oct 2011
    Como la vida misma
    Estimados señores, me pongo en contacto con ustedes en relación a…. ¿Qué pasa, mi vida? ¿Tienes hambre? Pero si acabas de comer. Bueno… Ven. Toma una manzana. Y ya no pidas más hasta la hora de la merienda. Ve a jugar con tus hermanos. Estimados señores, me pongo en contacto...
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  • 01 oct 2011
    Las palabras perdidas
    Llevaba todo el día sintiéndose extraño, desazonado y perdido, cuando alguien en la oficina le avisó: «Pero hombre, Peláez, que vas por ahí perdiendo palabras». Se dio la vuelta y sobre la moqueta, con asombro, encontró un reguero interminable: «ánade», «entelequia», «tuétano», «bisoñé», «hipérbole», «paradigma»… Volviendo sobre sus pasos, las...
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  • 23 sep 2011
    Cierzo
    La culpa es del cierzo, que se me coló por las entretelas del buen sentido y me disparó el pronto. Soplaba, frío y siniestro, como un estertor de febrero, mientras caminábamos encogidos sobre las aguas del Ebro. Discutíamos. Con palabras retuertas me culpaba del desahucio. Su voz se mezclaba con...
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  • 16 sep 2011
    Un suicidio literario
    Es un suicidio literario escribir acerca de Marta. Hay que estar mal de la cabeza para interesarse por su historia, por muy bien contada que esté y por muy moderno que parezca su lenguaje. De hecho, hará usted bien en interrumpir aquí su lectura, casi antes de empezar, porque en...
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