Es evidente que, al día de hoy, hay concursos literarios para todos los gustos, géneros y temáticas. Concursos sobre fútbol, sobre la mujer, concursos de ciencia ficción, microrrelatos, poesía, cuentos. Concursos grandes, pequeños, nuevos, prestigiosos… En síntesis hay concursos para todos los gustos y casi todos están en internet.
El auge de los concursos literarios se puede explicar por muchos motivos, algunos que van desde la mal llamada responsabilidad social corporativa (el típico concurso para lavar la cara de empresas que “apuestan por la cultura”), hasta el fomento del turismo en ayuntamientos que nadie encontrará en un mapa de carretera, y nuevas editoriales que quieren darse a conocer. Pero una de las razones que se esgrime poco, y explica la cantidad de participantes que suelen tener cada uno de esos concursos, es la crisis del sector del libro. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Muy simple: es, por decirlo clamente, casi imposible, para un escritor novel, publicar en una editorial de prestigio en la actualidad y los concursos parecen ser la única salida potable para aquellos escritores, noveles o no, que quieren hacerse un lugar en la literatura.
Por supuesto, publicar jamás fue fácil (allí corre la anécdota sobre el padre de Borges persiguiendo editores para meterles en el bolsillo textos del, por entonces, pequeño Jorge Luis), pero lo que es absolutamente desconocido para todo el mundo es que se rechacen obras geniales o, incluso, obras de escritores “consagrados”. En ese punto se encuentra el mercado editorial: con sus ventanas totalmente bajas, o mejor dicho, con sus persianas tan bajas que solo se permite entrar a un grupo cada vez más reducidos de escritores.
Otra de las cosas que son nuevas (y aunque no lo parezca seguimos hablado sobre concursos) es que las grandes editoriales (dueñas de los canales de distribución y promoción) se hayan inclinado casi al 100% por apuestas netamente comerciales, relegando obras de gran calidad que necesitan, como todo, de un tiempo propicio para su maduración. El corto plazo es la tendencia dominante del momento.
El escritor de primera publicación (y que no pertenezca al mundo académico ni tenga un hermano o padre editor) está en extinción, tal y como se lo conocía antiguamente. Muchas editoriales medianas, conocidas por su apuesta a jóvenes talentos han cerrado o han sido compradas por grandes grupos cuyas reestructuraciones las han dejado sin recursos y con peligro de muerte. Otras, tradicionalmente enfocados al mercado de “primeras novelas”, y que también han sido absorbida por holding editoriales (el caso de Caballo de Troya, desde hace un tiempo de Random House-Penguin, es paradigmático) están siendo desmanteladas y su estertores de muerte se escuchan en el horizonte.
Sin ir más lejos, el mercado editorial amateur, que nada tiene que ver con la auto publicación, sufrirá en los próximos años modificaciones sustanciales. A saber:
- Cerrarán o cambiarán su modelo de negocio editoriales tradicionalmente enfocadas a primeras publicaciones.
- Las editoriales de prestigio y tamaño medio, enfocarán la apuesta de publicación de primeras novelas con fórmulas de pago compartido.
- Crecerá (como ya se percibe) el modelo de publicación selectiva (filtrada por editores profesionales) pero pagando, no solo para la publicación, sino para su difusión.
- Seguirán creciendo modelos editoriales enfocados únicamente a lo digital, con gran calidad pero con carencia de llegada al público masivo.
- Continuará el descenso de lectores de literatura tradicional en detrimento de la literatura de consumo (Libros para no Lectores, como los llama la editora Paloma Benavente).
- Gran auge de concursos tematizados y de baja calidad.
- Y por supuesto aumento imparable de autopublicaciones y coediciones (aunque este es otro tema).
Dicho esto, el panorama para el escritor novel es sombrío. Sí antes mencionábamos que los Concursos parecen ser la única salida al “cierre” del mercado editorial, es preciso ser prudente: también los concursos han caído en el auge del cortoplacismo financiero y se han convertido, desde hace un tiempo, en una nueva forma de difusión encubierta.
Aclaro aquí que no me refiero a los concursos típicamente amañados y típicamente absurdos (que ya son un clásico de la desvergüenza), como el Planeta o el Premio Primavera (allí anda Maxim Huerta…), sino a aquellos que solían brindar condiciones de participación claras, jurados respetables y cierta libertad a la hora de apostar por obras que, más allá del nombre, despierten admiración. La modalidad de plicas (sobres cerrados, seudónimos, etc.) cae, muchas veces, en saco roto cuando, una vez finalizada la votación, se acerca el Director Editor, empleado de la empresa que auspicia el concurso, y pone sobre la mesa el manuscrito del autor cuyos derechos ya poseen y cuyo nombre ya suena (periodistas, presentadores, modelos) en los medios de comunicación (Ver, sobre este tema, la excelente nota de Carlos Prieto en EL CONFIDENCIAL)
Por supuesto, no todo está perdido: quedan aún muy buenos Concursos y Certámenes literarios no contaminados que apuestan por la pasión de leer buenas obras, sea quien sea el autor y tenga la edad que tenga.
Un consejo razonable, a tal caso, es centrarse en Concursos por debajo de los 6.000 € pero, paradójicamente, sin dejar de participar en todos los concursos (incluso en esos cuyo premio nos marea). Puesto que, ya se sabe: las brujas no existen pero que las hay las hay y uno desconoce, en definitiva, qué puede ocurrir en un cuarto de votación.








Carmen F. Mat
¡Triste panorama literario nos ha tocado vivir!
Falsaria
Penoso!
Alejandra Curbelo (@ALEX10111971)
Hola,yo escribo por placer,jamás se me ocurrió publicar por lo que lleva el costo de derechos de autor y tal.Al menos en mi país es terrible.Y las veces que he participado me han tocado concursos lindos,no he ganado primeros premios,pero de repente un tercero o un 15 y son lindos,la gente que gana no la conoce mas que su familia…por decirlo de alguna manera gráfica.Y elijo los concursos de participación gratuita por el tema dinero,y de premios “normales”.Que me he ganado una canasta de productos de limpieza
pero me divierten.Lo dicho,escribo por placer,no para ganar dinero.Si quisiera hacerlo,en mi ciudad(Atlántida-Uruguay)hay una editorial artesanal e independiente y uno puede pedir que se distribuya en comercios barriales,ferias de frutas y verduras,etc.
Sandra
Poderoso caballero es don dinero, ha sido y será siempre así
Jaus
Estoy de acuerdo, yo toqué este mismo tema en mi blog hace un tiempo (http://www.excentrya.es/concursos-literarios-tu-peor-enemigo/). Participar en un concurso lo mismo que tratar de ser publicado, es una experiencia, demasiadas veces, negativa.
Como ha dicho Sandra antes, poderoso caballero. Las editoriales ya no apuestan por el talento, ni siquiera por la literatura, se han convertido en empresas y muchas ya han perdido el respeto por el escritor y el oficio. Hay casos lamentables de grandes premios que se han otorgado a quien no lo merecía, simplemente por ser el escritor de la casa.
A mí, personalmente, me gustan los concursos. Es un buen ejercicio y una manera de quitar el polvo a esos cuentos, microcuentos, relatos y versos que tenemos enterrados por ahí. También es una buena forma de perder el miedo a que te lean. Sin embargo, también puedes salir muy perjudicado de uno de estos…
Falsaria
Naturalmente los Concursos son necesarios. El artículo, como se comenta al final, solo trata de saber qué hay detras de los grandes concursos y el mercado editorial, en absoluto alienta a no aprticipar, sobre todo en aquellos que están bien manejados, son honestos y persiguen la difusión del talento de los escritores. Creemos que saber es poder, y antes de desanimarse a la hora de no ser premiado es bueno tener claro estos puntos.
En relación a las editoriales te recomendamos este artículo que justamente toca ese tema: http://blog.falsaria.com/editorial-vs-autopublicacion/
Abrazo!
Crónicas de una Española en Viena
La cuestión es saber qué concursos son de fiar. Yo ya pasé de mandar nada porque la verdad es que alguno de los relatos ganadores que leí me parecían de vergüenza y seguro que había más de cien relatos mejores que los que leí. Eso desanima, además del dinero que uno pierde, sobre todo yo que vivo en el extranjero.
Mati
Me preguntó el que haya gente que presenta sus obras a concurso: en algunos piden hasta cinco copias, con el gasto que ello conlleva, para que llegue el editor y nombre el ganador a dedo. ¿No es eso una burla o tomadura de pelo para los que se presentan con una ilusión? ¿No sería un delito? ¿Porque alguien no toma cartas en el asunto e investiga?
Falsaria
Tienes razón, Mati. El fin de semana pasado, hablando con unos amigos sobre el tema, estuvimos de acuerdo en que es una estafa: para el ganador, para los concursantes e incluso para el jurado, que cobra por la elección del editor. Porque el jurado tampoco pinta mucho, solo pone su nombre para dar prestigio y ellos también necesitan seguir publicando; pero si aparece un editor de peso (imagina, quién le dice NO a un editor de, por ejemplo, Random House Mondadori), se hace lo que él diga. Así es.