Carta abierta a Rodolfo Walsh
¿Qué nos puede llevar a arriesgar nuestras vidas y la de la gente que nos rodea solo por contar la verdad? Veo tu foto, Walsh, y todas esas incógnitas me dan vuelta en la cabeza. Veo tus anteojos enormes, la remera gastada bajo un sweter blanco y tu semblante indiscutible de periodista. Te veo hoy, muchos años después de la Carta abierta a la junta militar, más aún de los fusilamientos de José León Suarez cuando gobernaban unos tipos que habían decidido terminar con el peronismo de un plumazo costara lo que costara. Pero yo, Walsh, te veo hoy. Te veo cuando veo gente que ve como otros ven a diario debates sobre el lugar que debe ocupar el periodismo. Y vos Walsh, estas ahí y hasta sos reconocido hoy por las empresas periodísticas que estoy seguro no te habrían dado trabajo en aquella época ni en pedo.
Recién despierto de una siesta. La ropa que dejé secándose al sol está llena de una capa de ceniza. Ceniza volcánica, me dicen. Y cuando la junto para meterla en el lavarropas otra vez te veo allí, sobre la mesa, en la tapa de una edición muy nueva de tu libro, Operación Masacre, una de las primeras novelas de no ficción que se anticipó nueve años a lo que hoy conocemos como Nuevo Periodismo.
Un día como hoy en, pero en 1956, vaya a saber qué estabas haciendo, seguramente jugando al ajedrez. Los generales Tanco y Valle se sublevaron contra el gobierno que había echado a patadas a Perón (un tipo al que habías denostado) del poder en setiembre de 1955. El levantamiento fue reprimido brutalmente “como para que tuvieran escarmiento” te contaron que escucharon decir a Lanusse cuando era el jefe de un regimiento de Buenos Aires y sus horas de presidente aun no habían llegado. Hubo muchos muertos. En los basurales de José León Suárez, un grupo de civiles fueron masacrados antes incluso de que fuera dictada la ley marcial. Unos pocos lograron escapar de la muerte, a duras penas y serían luego “los fusilados que viven” sobre los que escribiste mientras recordabas alguna partida de ajedrez en un bar. Los resultados de tus investigaciones fueron publicados en forma de notas en el diario Mayoría y, poco después, como libro, pero cuando hiciste las investigaciones casi nadie te las quería publicar.Hoy a la mañana, mientras viajaba en subte a la facultad, vi la foto de un cartel que llamaba con tu nombre a la estación Entre Ríos del subte E. En ese momento imaginé aquel relato del día de tu secuestro, aquel 25 de marzo de 1977. Un grupo de tareas de la ESMA te emboscó en San Juan y Entre Ríos con el objetivo de secuestrarte vivo. Vos te resististe a tiro limpio y heriste a alguno, y fuiste herido y llevado a la ESMA. Tu cuerpo nunca apareció; solo vos sabés qué fue de él. El día anterior habías escrito lo que sería tu última palabra pública: Carta abierta a la junta militar.
Hoy, 34 años después, busco esa carta abierta. Algunos libros tuyos la traen como anexo. Yo la leo de un viejo libro que me regaló mi madre cuando me recibí de periodista. Y vuelvo a pensar lo mismo que cuando había despertado de mi siesta: ¿qué hace a un tipo a arriesgarlo todo? ¿Qué te hizo arriesgar todo? Porque esa carta es de 1977, cuando la ferocidad de la dictadura aún brillaba con sus Falcons por las calles de todo el país. Vos comprobarías al día siguiente de teclear el punto final en tu máquina de escribir la gravedad de tus denuncias volcadas en una carta que recorrió las redacciones del mundo.
CxF
3 Comentarios
3 Comentarios
  1. ¡Bienvenido a Falsaria!

    Gracias por publicar en la red social literaria.

    Un saludo,

    El equipo de Falsaria.

  2. Me dejas sin palabras, formidable.

  3. Muy bueno, ese recorrido histórico por la vida de, sin duda, el más grande cuentista argentino. En lo que a mí respecta hay una cosa que siempre me llamó la atención: la militancia del irlandés, sus nuevas formas de periodismo, han “tapado” (muy a su pesar) su crónica literaria. Ya nadie habla de Los Oficios Terrestre, de la increíble saga de Los Irlandeses, de esa admiración ciega por Poe en los cuentos policiales como Variaciones en rojo y tantos y tantos más (mi preferido, sin duda “Esa Mujer”). Quiero decir, Rodolfo escribió y pensó sobre muchas más cosas que la Carta Abierta que se ha convertido, perdón, en un tópico.

    Estaría bueno comentar sus escritos no El escrito.

    Estaría bueno, también, volver a releer a Rodolfo de atrás para adelante, desde sus cuentos hasta su trágica muerta para que no termine convirtiéndose en esa busto del Che en una camiseta….

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