Irene Jerez, era una mujer casi octogenaria, que vivía en una quinta situada a doce kilómetros del pueblo. Entre sus hábitos había incorporado el de...
¡Qué prodigio divino! ¡Qué poder universal! ¡Qué energía suprema! Presentan mis hijos, a mis ojos hoy… Desde el uno partieron tres capullos de sol. A ...