En mi modesta opinión, querido Gerard, el informe trata sobre esas extrañas situaciones en
las que la profunda fe en un pensamiento genera por si sola fuerza gravitatoria.
A continuación me propongo describir una de esas situaciones a modo de ejemplo:
Un conductor tiene su coche aparcado en línea en una calle de dirección única. El conductor
entra en el coche, arranca y cuando se dispone a salir ha de esperar ya que el semáforo
que hay al final de la calle está en rojo y la calle esta bloqueada por una
fila de coches, con lo cual nuestro conductor debe aguardar a que el semáforo
se ponga en verde y esperar una oportunidad para poder salir del aparcamiento. El
conductor se distrae sintonizando una emisora de radio, o encendiendo un
cigarrillo o bien dejándose arrastrar por su poderosa imaginación a dios sabe
que mundos. Mientras tanto, el semáforo se ha puesto en verde y la fila de
coches comienza a avanzar. Por el rabillo del ojo, nuestro conductor, aun
absorto en su distracción, al apreciar solapadamente el movimiento de los
coches a su izquierda, interpreta que su coche es el que se mueve hacia atrás,
incluso nota el tiró de su cuerpo hacia delante, entonces, instintivamente acciona
el freno de mano. Solo en ese momento, nuestro conductor toma conciencia, olvidando
su distracción, y cae en la cuenta de que es la hilera de coches a su izquierda
la que se mueve y no él.
Otro ejemplo más
simple aunque menos ilustrativo quizás, sea la sensación de caída en un sueño.
Sin otro
particular me despido de ti querido Gerard, esperando haber podido contribuir a
la traducción de tan horrible texto.



Me gustan estos informes. Muy curiosos.
Un abrazo!