20 nov 2011
“Solamente me falta maullar” piensa mientras restriega su mejilla en la barriga peluda de él. Se siente mal, como gata despreciada a quien ahora acarician, por un breve momento. Ella lo sabe. Son caricias sin amor, gestos provocados por la fría necesidad de sexo. Pero calla. Le da lo que él quiere. En silencio. Sin besos, pero también ya, sin lágrimas. Horas antes, gritos y reproches. Las pestes que salen de su boca la golpean como puñetazos. Moratones sin golpes. Alfileres que se clavan bien adentro, donde más duele. Pero calla. Lo guarda todo en el escondite que es su alma. Gata que en su ronroneo ha aprendido a esconder, también, una sonrisa…
2 Comentarios


Uau… doloroso e intenso. ¡Me gusta!
Todas hemos sido gatas, todas hemos ronroneado… Sin duda hemos aullado por leche, una caricia, un momento minúsculo de amor…