Hubo una época en la que un rumor llegó a ser verdad.
La gente de una pequeña aldea había oído hablar de un lago de aguas cristalinas y arena, que se situaba al otro lado de las montañas cerca de allí.
Los más ancianos contaban historias sobre aquel misterioso lago, que verdaderamente se trataba de un lago “mágico”; tenía el poder de conceder la belleza divina a aquellos que no la gozaban, pero sí la llevaban en su inbterior.
Hasta que un día, los aldeanos desfaorecidos ansiando poder obtener ese deseo partieron hacia donde se encontraba dichoso lago, para descubrir si lo que contaba la leyenda era cierto.
Al regresar, todos quedaron atónitos, pues los hijos, hermanos y amigos habían sido testigos de aquel glorioso milagro convistiéndoles en bellas personas también por fuera.
Desde aquel hecho, la noticia se hizo voz en todo el mundo y las personas que no eran bellas tenían la oportunidad de poder ser felices y sentirse bien consigo mismos; así que el lago permanecía en constante compañía para hacer realidad ese sueño.
Pero, al poco tiempo, las personas que habían tenido contacto con el agua maravillosa, era tan deslumbrante la belleza que poseían que, hasta las que ya se consideraban perfectas, ahora se sentían feas porque ya no tenían con quien compararse y sentirse poderosas.
Lo cual también acudieron al lago para hacerse incluso más hermosas de lo que los demás lograron conseguir para seguir estando en el primer puesto.
“Pero, cuando el agua rozó sus cuerpos se transformaron en seres horrendos y deformes, pues el lago era muy sabio, y solo otorgaría ese don a aquellas personas que en su interior yacera la verdadera BELLEZA”.


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Es un relato sorto y sencillo pero con un hermoso contenido.