Los amantes de la luna

Ahí está otra vez. Parado en la esquina de mi calle, apoyado contra el viejo poste de alumbrado cuya luz, poco a poco, se impone entra la vasta oscuridad que cae invasora.

Lo he visto desde ha ce tiempo. Pareciera que espera una cita. Sin embargo, nadie acude a él aunque miles de ojos le han contemplado, él parece no buscar conversación.

Es alto. Lo sé porque he pasado tantas veces por su lado que ya lo conozco. Es como un amigo más.

Muchas veces he deseado cruzar un par de palabras con él pero sé, de antemano, que aquello sería inútil.

Pareciera ser hostil pues lo percibo en su mundo, el radio de luz entorno a la vieja farola. Pienso que sería mejor ignorarlo y que así, sin darme cuenta, no volverá…

Han transcurrido varios días y sigue ahí, con su acostumbrada postura. Debe ser algún demente o, simplemente, un ser solitario, carente de afectividad. Me llama la atención el que siempre esté mirando hacia el cielo, específicamente a la luna, que tan llena dicta su lección a las estrellas más próximas.

Retraigo esa extraña pasión por la luna con la caracterización de un hombre lobo, aquellos seres que abundan en las historias de terror y otras yerbas.

Lo he mirado pacientemente desde mi ventana por largas horas y no veo ningún cambio: sigue siendo un ser común y corriente.

Nunca lo he visto partir. Se me ocurre que sabe que lo espío y espera que me retire de la ventana para marchar sin dejar huellas en la penumbra de la noche otoñal.

Busco explicaciones lógicas. Puede ser un poeta que se inspira mirando la luna pero éste no tiene cara de ídem. Además, esos hombres, de hirsutas barbas y que sorben apagadas pipas, ya no existen. No posee barba ni jamás fuma. Siempre está mirando al cielo. ¡Ya sé! Debe ser un amante de la luna, que según he oído existen muchos en los psiquiátricos. Pero este sujeto es normal. Por lo menos, así parece.

Transcurren los días y sigo observando su figura impasible, siempre contra el viejo poste. Cada vez me convenzo más que debe ser un enamorado de la señora luna. Me río para mí por el hecho que existan estos tipos. ¡Mira que estar perdiendo el tiempo en contemplar un satélite natural!

Ya ni siquiera me llama la atención. Entiendo que viva una pasión… ¡Allá él!

Hoy, por casualidad me he asomado a la ventana y lo he buscado con la mirada. No está. ¡Es imposible! Lo busco. Salgo a la calle sigilosamente y confirmo lo anterior: la esquina está vacía. Miro hacia el cielo y la luna tampoco está. Se ha ido con su enamorado. Será para otra vez… Aunque mañana, si no viene me pararé en la esquina a esperar a la señora luna y veré si ella contesta mis interrogantes.

5 Comentarios
5 Comentarios
  1. ¡Bienvenida a Falsaria!

    Gracias por publicar en la red social literaria.

    Un saludo,

    El equipo de Falsaria.

  2. Hermoso relato.
    El tipo de prosa, esa primera persona poderosa y especulativa, me recordó muchísimo a Bioy Casares (en “Plan de Evasión”, por ejemplo).
    El final, logicamente, es bastante menos racionalista que Boiy! y mucho más poetico.
    Felicidades, te sigo!

    • Gracias amigo. ¿Puedo llamarte así? Este relato lo escribí hace muchos años. Demasiados, diría yo. Espero subir algo más reciente la próxima vez. Espero no defraudar…

      • Puede llamarme así sin problemas!
        La buena literatura no envejece, se desactualiza un poco tal vez, pero nada más. Esperando, entonces, la próxima entrega!
        Saludos!

  3. Muy bonito.
    “Miro hacia el cielo y la luna tampoco está. Se ha ido con su enamorado.”
    Me gusta el final.
    Un abrazo,
    Luna

Deja un comentario

1

Seguidor

1

Publicación

23

Veces que ha sido leído este artículo

Debes estar logueado para ver tus articulos Pendientes de Leer.