En cuanto lo vio, supo que lo había visto en sueños.
Él estaba en un semáforo, subido a una moto. Sólo podía ver tres cuartas partes de su rostro; sin embargo supo que tenía los dientes demasiado parejos, de su singular forma de hablar utilizando una zeta fallada, de su calma para tomar decisiones en la vida, de su apego por el tarot y las tortas de vainilla.
Lo vio calvo, a pesar del casco, y vislumbró el tatuaje de su hombro de huesos hostiles y puntiagudos.
Cuando el semáforo cambió él volvió la cabeza y la vio. Ella supo al instante por la expresión de sus ojos que él la recordaba, pero después varios bocinazos arrancó.
A medida que ella caminaba a su casa el recuerdo de ese hombre fue esfumándose, contaminándose con otros recuerdos, perdiendo sustancia, como el diente de león cuando sopla el viento, reduciéndose a una vaga imagen; hasta olvidar que una vez se habían visto, en un sueño.





gmarcelo
Muy lindo Carmen de María. Mi voto y saludo.
Carmen de María
Muchas gracias por tu comentario gmarcelo, un saludo!
GermánLage
Un relato escrito con tu maestría habitual y cargado de poesía. Hermoso, Carmen.
Mi cordial saludo y mi voto.
Carmen de María
Germán!, muchas gracias por tus palabras siempre tan amables, un saludo!
Mabel
Un sueño que es tan real como la vida misma. Un abrazo Carmen y mi voto desde Andalucía