Hacía tres días que esperábamos que nos vinieran a rescatar. Estábamos en el monte Simmons. En una trinchera que cavamos de apuro. Habíamos avanzado en territorio enemigo. En las noches sin luna si escuchabas atentamente sentías hablar al viento. Estábamos hartos de pudrirnos en esa guerra que ahora veíamos con otra cara. Los ingleses y gurkas eran duros de pelar. Y si al principio creían que venían a pasear, tirar dos tiros y pa’ casa, les dimos por el culo para que tengan y le lleven a la vieja Margaret. Ahora nos iban a respetar un poquito más.
El gordo Ibáñez estaba encajado en la nieve, y por los charcos de lluvia ya helados, era imposible sostenerse en ese pozo infecto. Se quejaba de picazón todo el día.
—Mirá boludo, no creo que sean mosquitos.
—Sí, ¡¡qué no!!…con treinta grados puede haber mosquitos—replicaba convencido Jiménez.
—¡¡Treinta sobre cero, infeliz!!!—nos jodía el cabo y enfermero Gentile. Déjame ver esa gamba que te pica.
Se acostó. Se quitó el borcego, las medias negras de mugre, y el cabo se espantó. Le vi la mirada de miedo, como si hubiera visto al mismo diablo. Le dijo al gordo:
—Vos quedáte mosca ahí. No te muevas.
Me llevó aparte y sentenció:
—Pie de trinchera. Está jodido—se secaba la frente como si hubiera tomado sol todo el día—… Esto es producto del frío y la humedad en la piel. Primero es picazón, luego los tejidos se hinchan, supuración y úlceras, y al final parece que se recupera, el pie se hace sensible al frío, bla, bla, pero sin tratamiento, se gangrena y hay que cortar.
—Che—nos gritó el gordo, ¿de qué carajo hablan? Vení, curáme esto, negro—protestaba.
—Hablamos que para qué carajo querés los pies… si sos tan gordo que rodás mejor de lo que caminás—dije para animarlo.
El gordo había venido de voluntario. Había hecho la colimba dos años antes de la toma de Malvinas. Había estado en la plaza de Mayo la noche del 30 de marzo de 1982 cuando los milicos cagaron a palos a todos los que fueron a protestar, y dos días después, cuando invadieron Malvinas, muchos de esos vinieron de voluntarios. Así de boludos somos los argentinos. Suicidas. Ahora había que curarlo y decirle la verdad.
Masticábamos el agua marrón de turba. Pero no podíamos tomar mucha, no podíamos prender fuego. Solo el calor humano. Nos abrazamos unos a otros con la pasión de un macho a una hembra. No faltaba el humor en esas aproximaciones necesarias. Y no era raro sentir el calor de una ingle más o menos hinchada y confundir el respirar entrecortado con otra cosa. ¡Hacía tanto que no veíamos mujeres! A las minitas de la Isla no había forma de tocarlas. Aunque eran más feas que pegarle a la madre: Huesudas y con cara de caballo. Al Chuqui se le ocurrió piropear a una, y el coronel lo estaqueó tres horas. Cuando se levantó no se acordaba a qué carajo había venido acá.
Habíamos avanzado pocos metros en esta lucha desigual. Los tipos estos de Inglaterra eran más veteranos que nosotros, tenían mejores armas, visores nocturnos. Y hasta les pagaban por venir acá. Lo único que teníamos nosotros era pasión. Yo estaba acostumbrado al viento porque nací en Comodoro Rivadavia, en el sur de mi país, en la Patagonia. Pero estos changos venían de temperaturas de 40 grados sobre cero a la sombra. Venían de la zona tropical argentina.
Los indios tehuelches que había en mi zona decían que un día el dios Kooch se sintió tan solo que se puso a llorar y con su llanto se formó el mar. El agua empezó a cubrirlo y dejó de llorar y suspiró. Ese suspiro tan hondo fue el primer viento, se disipó la niebla y apareció la luz. Nacieron cuatro guerreros, cuatro vientos, que salieron y volvieron trayendo el hambre, la angustia, la impotencia. Pero el cuarto trajo la esperanza.
A ella me aferré esperando a nuestros camaradas.





Mabel
¡Me encanta! Un abrazo Xose y mi voto desde Andalucía
XoseFD
Gracias Mabel por estar siempre al pie del cañón!!!
enriccarles
en el relato hay dos lecturas
la que hace el personaje de un momento de emociones encontradas y torbellino en las pasiones
la otra es la que hace el lector, si es argentino sentirá emociones coherentes con el pasado de ese país, si lo hace un extranjero hallará explicaciones del comportamiento argentino
está bien realizado, los diálogos dan la sensación de ser reales
te dejo un abrazo y el voto
XoseFD
Te agradezco mucho Enric (¿serás catalán?) jajaj!!! Muchas gracias. Quería en realidad practicar la autenticidad de los diálogos. Escribo poco “en argentino”. Me sale más el neutro español. Gracias, de nuevo.
Carmen de María
Cuanta angustia, cuántas historias como ésta permanecerán en el anonimato…como siempre muy bien escrito, va mi voto y a portada!
XoseFD
Gracias Carmen. Muchas de soldados ingleses también. De hecho los soldados ingleses y argentinos que pelearon alli mantienen hoy una buena relación.
Jules
Un relato muy de tu estilo, XoseFD, mezcla de pasión e historia. Bueno, de los mejores que te he leído. El argentino, aunque poco, como dices, está en el punto justo que da credibilidad a los diálogos, un acierto. Cte.
gonzalez
Excelente, Xosefd, me gustó mucho. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.
XoseFD
Te agradezco mucho.
Arlequín
Me encanta, y mucho¡¡ un abrazo.
XoseFD
Grs Arlequin. Te agradezco. te leeré.
Bartu
Joder, que real, conseguiste que lo pase mal leyendo. Voto.