Tic – tac, tic – tac, tic – tac, tic – tac, el reloj avanza. Poco entendimiento, mucha incomprensión. El reloj avanza, con cada milésima de segundo. Se apaga un fragmento, un estereotipo deja de serlo, una etnia se extingue, un átomo se disuelve. La vista se me nubla, pero la imagen quedó nítida en mi sinapsis.
El silencio, de palabras no dichas, agrietan el corazón y fraccionan el cerebro. Inmolando los actos y percepciones.
Eso quiere decir que se me vienen los años, y la maldad, va destruyendo este cuerpo; ya podrido de vivir. Como un rosal que no ha sido regado, se va secando. Las hojas y pétalos van cayendo, como las fracciones de segundos que van pasando. Si las espinas te hicieron daño, no olvides; tanto así si estas te sirvieron de escudos, para hacer frente a otros, no olvidéis su dañino uso.
Tic - tac. El mecanismo sigue. Tac - tic.
Los vientos diseminaran su atomizal figura por la campiña, tal vez alguien la siembre.
Probablemente nadie, ni la tierra, ni los céfiros, ni los humanos, puedan plantar una gramilla.
Porque ese pedazo de orbe este despiadadamente fértil y tóxico, por esta pócima de cáliz floral.
Los conjuntos de piezas siguen, engranando para su objetivo.
Carencia de amor quiebran mi corazón. Alud de sentimientos ya no correspondidos.
Mármol de una lápida donde nadie me llora. Belicoso de yo que no sé cómo amar.
Iglú recubre mis sentimiento y corazón.
Etéreo momento de cobardía, con arrepentimiento eterno. Serendipia que me sorprendió.
Suena y suena, sin parar. Paso trancoso y sin terminar.




Mabel
¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía