Está oscuro y hace frío. Se que en algún lugar hay cuatro paredes que me encierran, pero no soy capaz de verlas entre tanto negro. Eso no es que me preocupe, experimento un sentido de la libertad diferente, no hay paredes, no hay límites, pero irremediablemente la oscuridad merma el sentimiento.
Hay una butaca allí, al fondo, de las que soportan estoicamente el paso del tiempo. Tiene grietas y llora dulcemente bajo el tapiz amarronado. Me siento con delicadeza sobre ella y me acomodo en su respaldo. Cojo el cigarrillo que reposa en un cenicero a mi derecha y me fumo el miedo a medias con la vida. De mis labios se escapa una sonrisa fugaz que me mira a los ojos directamente como queriéndome decir algo.
Yo, mi yo al que siento llorar cada noche y sufrir cada día, ahora duerme. Ese es mi yo real. Y allí donde me hallo sentada en una butaca vieja y desgastada, donde soy incapaz de encontrar paredes, donde mi sonrisa descarada y escurridiza me busca la mirada, ese es mi sueño. Y aunque ello sorprenda, es uno de los sueños más coherentes y reveladores que tendré.
Ha pasado el tiempo. Mi yo que antes dormía, y que lloraba y que sufría, ahora sólo sonríe. No tengo claro si es ya un gesto acostumbrado, o si la sonrisa conoce en todo momento el por qué de su existencia. Lo que sí es cierto es que yo sí me acuerdo, siempre que me paro a escuchar el silencio un instante, del por qué.
Y es que ahora sólo hay luz, y sonríe. Y es que ahora conoce la oscuridad, y sonríe. Feliz porque el negro que se cernió sobre ella no la ahogó. Contenta porque conoció la oscuridad y ahora valora mucho más la claridad. Sonríe entonces dije, porque se abraza a la luz sabiendo lo que realmente significa, y sabiendo que si los días grises alguna vez vuelven a amenazarla, siempre tendrá un motivo por el que luchar.
Para que la luz vuelva.


No hay luz sin oscuridad. No viene mal de vez en cuando perder algo de lo que tienes, para llegar a apreciar el resto.
Exacto Hector, para apreciar los puntos de luz hay que conocer la oscuridad, para reconocer la felicidad hay que haber experimentado la tristeza…
Gracias
Un relato muy lúcido y lleno de esperanza para todas aquellas personas que en estos momentos se encuentran sumidas en la oscuridad, porque al igual que la felicidad, la luz, se nos presenta a golpes, son momentos.
Lo importante es saber reconocer ambos lados de la existencia y afrontarla con actitud positiva y afán de lucha, mirando de frente a la oscuridad.
Felicidades, un gran artículo.
Podemos valorar mucho mejor lo bueno que conseguimos, si hemos vivido episodios menos buenos antes… Cuando llegan los buenos, los apreciamos como realmente merecen.
Me alegro muchísimo que te guste
¡Bienvenida a Falsaria!
Gracias por publicar en la red social literaria.
Un saludo,
El equipo de Falsaria.
Gracias a vosotros por esta oportunidad y por haber creado esta plataforma en la que depositar sueños en palabras!
Luz y oscuridad. Las dos seducen por igual y las dos se devoran a la vez.
¡Felicidades por el relato
!
Sí, aunque una es más indigesta que la otra

Me alegro que te guste, tu opinión ya sabes cuanto la valoro!
Gracias