Dias lluviosos para noches estrelladas


Anoche soñé contigo.

Soñaba que seguías un rumbo alejado, demasiado alejado, del mío. Y en el infortunio de la distancia, eras feliz como solo las niñas que disfrutan de la infancia hasta los veintitantos pueden hacerlo. Sin tocar nunca el suelo, rozando la luna con tus pestañas. Me mirabas con esos ojos que harían perder la razón a cualquier hombre, susurrándome al oído cuánto me echabas de menos, y cuánto tiempo había pasado desde que me sonreíste por vez primera, de cuando nos contábamos secretos a espaldas de la gente mientras te escribía versos a hurtadillas para guardártelos en los bolsillos.

Han llovido océanos desde entonces, y con las estrellas apagadas, muriéndose los sueños, amaneció lloviendo. Y empapado de tristeza y nostalgia me dejaste, a la deriva con esos sentimientos que creía haber olvidado, pero que siguen ahí, como cicatrices de guerra que aunque curadas, te recuerdan que siempre estarán ahí. “Como tú”, pienso para mis adentros mientras sacudo la lluvia de la almohada, de las mantas. De mis mejillas hinchadas.

Cierro los ojos y aun puedo sentir esos nervios que vuelven a mí cada vez que te presentía cerca. Nervios de saber que llegaba la hora de volver a verte, de hacerme el distraído mientras llegabas para sentarte a mi lado, y mostrarme indiferente el tiempo suficiente hasta que descubrieras alguno de mis mensajes escondidos en algún cajón, esperando ser encontrados. Y una vez descubierta la trampa, sonreías con esa alegría contagiosa, iluminando con tus ojos la estancia, con ese azul intenso capaz de partir en dos una tormenta para hacer salir el sol.

Guardo aun esos recuerdos, escondidos en un arcón en el fondo de mi trastero, a salvo de cualquier pirata que quiera robarte. Y en días como estos, que las lágrimas se filtran por los alféizares, por las repisas de las ventanas, inundándolo todo… pienso en esa niña soñadora que sigue su camino, en algún lugar no muy lejano, pero a una vida de distancia.

“No estés triste”, me dice alguna voz dentro de mí. Pero pronto se apaga al volver la vista y no encontrarte. Sabiendo que es niña partió hace mucho.

Sabiendo que ya no te tengo a mi lado.

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