Donna Leon, Muerte en la Fenice
Antes de comenzar este comentario de la novela de Donna Leon, Muerte en la Fenice, quiero hacer un pequeño paréntesis explicativo y anecdótico que tendrá dos partes: la parte explicativa y la anecdótica.
Un día de abril, en la Casa del Libro que está cerca de Ópera, me encontré con un libro que me llamó la atención por su contenido. Buscaba teoría acerca de la novela policiaca y el libro que hallé era bastante específico en su temática, eran análisis de la obra de mujeres que se enmarcan en este género.
Lo que me propuse, desde esa época, es conocer a las autoras aludidas y esa ha sido mi línea de lectura y aprendizaje. De hecho, en los dos artículos que he escrito en Falsaria, hago alusión a los ensayos que aparecen en esa compilación.
Siempre me ha gustado este género y hasta antes de este encuentro con el libro que menciono, mis lecturas comprendían los clásicos y no tanto, como Chesterton, Conan Doyle, Chandler, Hammett, Leroux, Borges, Poe, Collins, Simenon, J.D. Carr, Mankell, Díaz Etérovic, Highsmith, Christie, entre otros. En resumen, aparte de A. Christie y de P. Highsmith no conocía a mujeres que escribieran novela negra o de enigma.
De este modo, Las damas negras. Novela policiaca escrita por mujeres, cuyas editoras son Josefina de Andrés Argente y Rosa García Rayego, me mostraron que mi interés por este género se basaba solamente en escritores, lo que suele suceder en la literatura en general (1).
Así, sin seguir un orden cronológico, sino que según los libros que iba encontrando en las librerías convencionales, en libros usados y en remates de libros usados —donde encontré libros a 1 euro— tracé las líneas de mi itinerario.
Ahora viene la segunda parte del paréntesis. Cuando estaba comenzando esa ruta de lectura, hice un viajecito para conocer algunas tierras de este continente (Europa) y antes de partir, me propuse leer el libro de Donna Leon para cuando me correspondiera mi visita a Venecia. Por un error en los cálculos, comencé a leer Muerte en la Fenice en Berlín, pero tres días después estaría en Venecia.
En el aeropuerto de Berlín, esperando el vuelo que me llevaría a Venecia, me fijé en una señora que estaba sentada cerca de mí. Vi la foto de Donna Leon en la contratapa de mi novela y constaté un parecido. Sin embargo, como no soy buena fisonomista, no confié en esa similitud. Además, estaba nerviosa, me concentraba en no entrar en pánico antes del vuelo, para lo que hice todas las rutinas que acostumbro antes de subirme al avión.
En el vuelo, la señora viajó unos asientos detrás de mí. Yo iba dividida entre la lectura; el análisis exhaustivo del rostro de la señora, su pelo; y en las caras de las azafatas (en el caso de que expresaran preocupación o miedo). Un poco antes del aterrizaje, ya estaba segura: la señora leía un periódico en inglés (Donna Leon es norteamericana), las mechas rubias o blancas que en la foto mostraban un lunar, estaban más blancas que el resto de su pelo canoso, las cejas eran tupidas, el rostro agudo. Finalmente vi la fecha de la edición (1997) y ya tenía un alto porcentaje de acierto en mi hipótesis. Ella me miró, yo le mostré el libro, ella sonrió, se encogió de hombros, sacó un lápiz, extendió su brazo, yo le di mi libro, ella lo firmó y listo. Ella también viajaba de Berlín a Venecia, como la víctima de la novela que yo estaba leyendo.
Para los expertos en probabilidades, les dejo la tarea de análisis. Para mí, el asombro, la sorpresa, la exaltación que afortunadamente se manifestó durante el aterrizaje y después, porque si hubiera confirmado el hallazgo antes o durante el vuelo, creo que hubiera estado aterrada de tanta coincidencia. En fin, como dicen en mi país, es lo que hay…
Después de esta introducción tan poco convencional (le dejo a la editora de Falsaria la tarea de ubicar este texto en la sección que estime conveniente), me centraré en el libro que leí en ese viaje.
Donna León Nació en Nueva Jersey el 28 de septiembre de 1942 y vive en Venecia desde 1982. Como afirma Josefina de Andrés Argente (2) es una mujer bastante polifacética: ha trabajado como guía turística, ganó un torneo importante de tenis, dio clases de literatura inglesa y norteamericana en Estados Unidos, Europa, Asia, es experta en música barroca y en ópera. Escribió su primera novela a los 48 años y lo que la motivó fue su deseo de “matar” a un director de orquesta alemán al que le tenía antipatía.
Ese director, en este caso ficticio, es la víctima de la novela que será comentada en este texto. De hecho, la historia comienza en el entreacto de la ópera La Traviata, cuando el célebre director de orquesta Helmut Wellauer no puede continuar con el tercer acto, porque ha sido asesinado. El director artístico del teatro La fenice, avisa al público que Wellauer será reemplazado por otro músico y lamenta la situación.
En este momento aparece Guido Brunetti, un comisario de Venecia, quien comienza su investigación. Los primeros indicios arrojan envenenamiento con cianuro y el detective, antes de elaborar una hipótesis (la que podría obedecer a algún prejuicio y desviar, de esta forma la investigación), se dedica a conocer a la víctima por medio de los testimonios de los personajes que lo conocían y que trabajaban con él. El detective quiere descubrir las causas del asesinato y también el entorno del director de orquesta.
Poco a poco se va construyendo la personalidad de la víctima y, como se puede sospechar, no es muy positiva la imagen que se va armando a partir de los testimonios. Vemos abuso de poder, un pasado oculto que evidenciaba una relación bastante estrecha con el nazismo, homofobia y más características y hechos condenables que no serán aludidos en este comentario para no dar pistas a la resolución del misterio.
Al comprar la novela, le pregunté a la vendedora de la librería qué opinaba de la autora y específicamente de la novela. Ella me comentó que la encontraba algo lenta, pero que estaba bien. En cuanto a esa opinión que comparto, pienso que la novela no puede ser de otro modo, porque el ritmo acompaña los paseos de Brunetti por Venecia - a velocidad de vaporetto- acompaña las reflexiones, dudas, ideas, hasta que nos encontramos casi en las últimas páginas sin la resolución del enigma.
Ahora, el desenlace que es tan sorpresivo como verosímil – lo que es extraño en este género- no solamente explica las circunstancias de la muerte y el/la culpable, sino que, expresa el asombro y espanto por parte del comisario Brunetti, quien corrobora su percepción pesimista de la realidad.
En este sentido, según de Andrés Argente, el crimen se enmarca en una realidad muy compleja donde es difícil establecer un juicio categórico acerca de lo aceptable o inaceptable desde un punto de vista social y moral. Por lo anterior, enmarca la obra de Leon dentro de la literatura negra. La autora de Muerte en la Fenice, por su parte, afirma que “Mientras sigan existiendo problemas (sociales) seguiré escribiendo y, cada día, incremento mi material” (3)
De este modo, al contrario de Fred Vargas, la literatura no se convierte en una evasión o en una creación de ciudades atemporales o en “universos autónomos”, sino que, como ocurre en la novela negra, “el investigador … radiografía la sociedad en la que vive con una mirada crítica, haciéndose instrumento para un diagnóstico del estado actual de unas sociedades donde el poder es difuso y no radica sólo en el Estado, pues los grupos de poder proliferan en todos los estamentos” (p. 207).
Me quedan muchas ideas en el tintero, lo que agradecerán los amantes de la síntesis, sin embrago, concluyo este comentario presentando a una autora que hará una excelente descripción de la ciudad de Venecia (4), que construirá a personajes verosímiles, amables, detestables y que, a partir de una muerte, mostrará aristas de la sociedad que en la mayoría de las ocasiones se ocultan, se callan, se olvidan y, por lo tanto dejan de existir.
Obras de Donna Leon:
- Muerte en la Fenice
- Muerte en un país extraño
- Vestido para la muerte
- Acqua alta
- Muerte y juicio
- Mientras dormían
- Nobleza obliga
- El peor remedio
- Amigos en las altas esferas
- Un mar de problemas
- Malas artes
- Justicia uniforme
- Pruebas falsas
- Piedras ensangrentadas
- Veneno de cristal
- Sin Brunetti, artículos periodísticos
- Líbranos del bien
- La chica de sus sueños
- La otra cara de la verdad
NOTAS
(1) Las autoras analizadas en de Andrés Argente, J. y García Rayero, R. (Eds.) (2011) Las damas negras. Novela policiaca escrita por mujeres. Madrid: Editorial Fundamentos, son: Agatha Cristie, P.D. James, Ruth Rendell, Patricia Highsmith, Katherine V. Forrest, Margatet Atwood, Sue Grafton, Donna Leon, Sara Paretsky, Patricia Cornwell, Fred Vargas y Nancy Vosburg.
(2) Las citas, salvo indicación contraria pertenecen a: Josefina de Andrés Argente. (2011).”Donna Leon: un relajante compromiso. En de Andrés Argente, J. y García Rayero, R. (Eds.) (2011) Las damas negras. Novela policiaca escrita por mujeres (pp. 199 – 215). Madrid: Editorial Fundamentos.
(3) El país.com, citado en de Andrés Argente (2011) p. 202.
(4) Josefina de Andrés Argente menciona un estudio y publicación de Toni Sepeda acerca de la Venecia de Brunetti.




Pues a la “editora” se lo has puesto muy difícil dónde ubicar este escrito, porque la primera parte que narras es bastante policiaca. De hecho, esa voz en primera persona debería ser una detective mujer. Y ya que la novela negra es tu género, ¿hay mujeres detectives? Porque tienes un gran personaje a desarrollar…
¡Saludos!
¡Gracias! Para la próxima seguiré tu consejo, quizá una chiquilla podrá acompañar a M.C. y para la tercera podríamos tener a una joven detective. Donna Leon dice que es más fácil que el detective sea del sexo puesto del que escribe y a mí me resultó más fácil de ese modo.
Un abrazo,
Impecable!!
He aprendido mucho de tus análisis, espero muchas más!!
saludos