Fred Vargas, autora de las novelas Los que van a morir te saludan, Que se levanten los muertos, El hombre de los círculos azules, Más allá a la derecha, Huye rápido, vete lejos, entre otras, nació en París en 1957. Fred Vargas es el seudónimo de Frédérique Audouin Rouzeau, quien aparte de escribir novelas de enigma, es una connotada historiadora medievalista y arqueóloga.
Me voy a referir, en esta ocasión, a la novela El hombre de los círculos azules (1996), donde aparece por primera vez el comisario Juan Bautista Adamsberg, quien ha sido transferido desde los Pirineos al distrito 5 de París. Se presenta un narrador heterodiegético que es capaz de entrar en los pensamientos de los personajes. De esta forma, nos muestra la personalidad lenta y apacible del nuevo comisario y cómo esta aparente indiferencia y quizá indolente manera de llevar a cabo las investigaciones perturba a sus compañeros de trabajo, quienes no son capaces de compatibilizar la fama que Adamsberg se ha ganado en su exitosa carrera con su forma de ser provinciana, pausada y descuidada.
A diferencia de Dalgliesh, el héroe de P.D. James (1), Adammsberg es un personaje que tiene una construcción más verosímil. Se sabe algo de su pasado, sus amores frustrados, sus temores, su descuido en el vestir, sus reflexiones que atañen y no precisamente a su investigación. En resumen, se presenta un personaje como el resultado de un itinerario que se manifiesta en la novela por medio de sus recuerdos, fantasmas y coincidencias.
Por otro lado, en el argumento no hay trampas; vale decir, el final no es sorpresivo o si lo es, no es por un conocimiento que la autora omitió para engañarnos o para distanciar al detective —de una inteligencia superior a la de los lectores— de las hipótesis que podríamos haber llevado a cabo. La historia comienza con una investigación secundaria que sirve para presentar la sagacidad sencilla e intuitiva del detective y también ilustra cómo él se distancia de los métodos convencionales de la policía a la que pertenece. La indagación comprende las diez primeras páginas desde su presentación.
En cambio, la trama principal se desarrolla paulatinamente, con el hallazgo de unos círculos azules que encierran objetos, como repuestos de lápices, un aro, una bombilla, una pinza, excrementos de perro, libros, cáscaras de huevo, entre otros. El comisario que ve esta curiosa manifestación a través de la prensa, se inquieta y comienza a guardar los artículos para seguirle la pista a este misterioso ser que además de dejar esos objetos, escribe: “Victor, mauvais sort, que fais-tu dehors?” (2). Poco a poco, estos hallazgos van mostrando elementos más violentos, como animales muertos (una pata de paloma y un gato).
Adamsberg espera un asesinato, como la escalada natural y prevista que va desde objetos inútiles, inservibles a animales muertos y a crímenes premeditados. De hecho, el inspector no se equivoca y es a partir de la primera víctima degollada que comienza la investigación oficial y complicada que lo hará llegar a la aclaración del enigma.
Los personajes secundarios son bastante excéntricos, por no decir caricaturescos. Entre ellos se encuentra Mathilde, una famosa zoóloga marina que se dedica, en su tiempo libre, a seguir a desconocidos que le llaman la atención. De hecho, ella ha perseguido al hombre misterioso en su peripecia nocturna y alega su total inocencia, refiriéndose a la insignificancia del hombrecito que dibuja los círculos azules. Charles Reyer es un hombre que perdió la vista once años antes de conocer a Mathilde. Este personaje misterioso y agresivo atrae, quizá científicamente, a Mathilde quien le ofrece arrendar un departamento vecino al suyo. De este modo, este personaje entra en la acción y en la pesquisa del comisario. Al mismo tiempo, otra arrendataria vecina de Mathilde, Clémence, de avanzada edad, ayuda a Mathilde en la clasificación de las diapositivas de la zoóloga. La casi anciana, durante su tiempo libre, manda anuncios a los periódicos para concertar citas a ciegas y así terminar con su soledad. La ilusión de Clémence se alimenta de los fracasos diarios, pero no claudica y religiosamente acude a las citas para volver, luego, borracha de decepción y alcohol.
Me parece que estos personajes tan ambiguos y originales son interesantes al comienzo de la novela, pero luego agotan. Puede ser que dentro de su coherencia interna, buscaran un elemento diferenciador que los justificara. Sin embargo, tres personajes excéntricos en una misma novela, me parece algo forzado.
Por otro lado, está el teniente Danglard quien, a pesar de que se escape del estereotipo del policía concienzudo —al igual que Adamsberg—, no sobrepasa el límite de lo que podría convertirlo en un personaje caricaturesco. Danglard es un hombre abandonado por su mujer, a cargo de muchos hijos, erudito y alcohólico.
Según Briguitte Leguen (3) uno de los elementos que caracteriza las obras de Vargas es la ausencia de elementos extraliterarios o más bien, la ausencia de una crítica a la sociedad. Este aspecto de su obra es buscado por la autora de manera consciente. Vargas afirma, citada por Leguen, que “Hace varias generaciones que, en Francia, la novela policiaca refleja la realidad. Se trata de describir la vida tal como es. Yo lo que quiero es describirla tal como la podemos soñar” (4). Por eso mismo, según Leguen, “la parte de ensueño, evocación poética, intuición, es la que tiene que predominar para alcanzar su finalidad: crear un universo singular”.
Quizá eso justifica a los personajes estrafalarios que habitan en sus novelas y que contrastan con los personajes atípicos, pero no tanto, como Adamsberg y Danglard.
Sin embargo, acá surge una nueva pregunta, ¿es posible que a través de la literatura no se distinga algún elemento crítico o no se trasluzca algún componente conflictivo de la realidad extraliteraria de la autora, cuando ella toma partido por Battisti o, a través de ensayos y artículos de prensa, propone soluciones ante la gripe aviar que, para Vargas, constituye un peligro pandémico o por el hecho que ella misma se reconozca perteneciente a la “izquierda errante”? ¿Cómo puede separar tan concienzudamente la escritura de ficciones de su participación ciudadana que se manifiesta a través de otros medios(5)?
Me pregunto si esa faceta que presenta a personajes secundarios inocuos, poco conflictivos o infantiles no traduce la voluntad acérrima de la autora de no incluir en la ficción elementos que ella cuestiona como ciudadana de renombre. De hecho, como afirma Leguen, se ha considerado la novela de enigma como la novela del orden, lo que enfada a los seguidores de Vargas quienes la consideran una escritora de izquierdas. Sin embargo, ¿la denuncia, la puesta en duda o la subversión, en algunos casos, tiene que traducirse exclusivamente a elementos partidistas que dividen el mundo en izquierdas y derechas? ¿Es que no hay otros temas, como el machismo, el racismo, la corrupción o el poder, que podrían ser abarcados (de manera explícita o subterránea) a través de la ficción, creando, de la misma forma, un universo tan autónomo como el que desea Fred Vargas? ¿Por qué, entonces, esta separación voluntaria? ¿Qué ideología podría haber tras esta omisión deliberada en la ficción de la autora?
Obra comentada:
Fred Vargas. (1996). L´homme aux cercles bleus. París: Éditions j’ai lu.
NOTAS
(1)La novela de P.D. James fue comentada en esta revista con el nombre de “P.D. James, la dama de los enigmas.
(2) Traducción: “Víctor, mala suerte, ¿Qué haces afuera?”
(3) Todas las citas pertenecen a:
Brigitte Leguen. (2011) “Fred Vargas: una arqueóloga del asesinato”. En de Andrés Argente, J. y García Rayero, R. (Eds.) (2011) Las damas negras. Novela policiaca escrita por mujeres (pp. 69 – 85). Madrid: Editorial Fundamentos.
(4)Leguen cita a: Cristopher Cognet (2001). Les sentiers de Fred Vargas, coll. <>. La Huit Production.
(5) No me queda claro si sus apariciones públicas las lleva a cabo bajo su seudónimo o su nombre no ficticio.


