La hermana pequeña, de Raymond Chandler
la hermana pequeña

La hermana pequeña es una novela policial donde el detective Philip Marlowe brilla en todo su esplendor. Duro, fumador, bebedor y solitario, interpretado en la gran pantalla, entre otros, por Humphrey Bogart (eso lo dice todo) o Robert Mitchum, este investigador privado también tiene su pequeño corazoncito. Y su moral.

Su primera norma es que, cuando acepta un caso (y siempre lo acepta; son escasas las posibilidades de que haya alguna novela detectivesca que hable sobre un caso rechazado) protegerá a su cliente hasta el final. Y esto implica que, por muchas palizas que reciba de la policía (y es una policía que siempre golpea para sacar confesiones), nunca pondrá en peligro a quien lo contrató. Aunque este cliente solo le haya pagado 20 dólares porque dice no tener más. O aunque no le pague siquiera.

Su segunda norma, esta no escrita, es que siempre terminará averiguando la verdad. Y a veces esa verdad perjudica al cliente que lo contrató. Entonces, ¿qué hará Marlowe? ¿Aplicar las leyes de la robótica, como Yo, robot, de Asimov? Probablemente no. Haga lo que haga, Philip Marlowe está ahí para perder.

Escrita en 1949, La hermana pequeña es una novela un poco liosa donde los lazos familiares de los personajes no quedan muy claros. Tal vez un lector poco avezado en seguir la pista a tantos nombres, distintas estrategias y palabras en el tintero, se pierda un poco en esta intriga. Eso sí, hay momentos fabulosos de ese tipo de escritor que está por encima del bien y del mal describiendo el mundo, como cuando Marlowe dice de la mujer que lo lleva directamente a la boca del lobo:

Se echó a reír. Era esa risa inocente de los niños que quieren hacerse notar en una merienda infantil.

También hay que tener en cuenta que la personalidad de Marlowe se ajusta al prototipo de hombre lo-más-duro-que-hay-por-aquí, de hierro, en diálogos de este tipo en los que otra mujer le pregunta:

—¿Qué es lo que le pone tan nervioso?

—¡Oh! Toda esa sarta de mujeres que no paran de agarrarme por el cuello, de desmayarse en mis brazos, de esperar que las bese y lo demás. [...]

Pero así es un detective privado: vapuleado por la policía, amenazado por los gangsters, con telarañas en la cartera, cierta dependencia peligrosa del alcohol, y sin un perro que le ladre. Pero Marlowe sigue ahí, esperándonos a que lo encontremos en su próximo caso.

3 Comentarios
3 Comentarios
  1. Vaya con Marlowe, qué gran tipo!
    Tenes la virtud de hacer que, al finalizar de leer tus reseñas, todos querramos salir corriendo a comprar el libro. Por ahora sigo con “El Lagor adiós”, un clásico de esta saga de Raymond Chandler y su característica novela negra.
    Saludos!!

  2. Qué acertado artículo Paloma, el código de honor de Marlowe, todos los anti-héroes lo tienen. Qué gran ironía hay detrás de las frases contundentes de Marlowe. Me acabo de terminar “El sueño eterno”, donde Philip Marlowe está siento encañonado por dos matones y les reduce a golpe de verbo. Marlowe responde siempre una pregunta con otra, sacando de quicio a sus interlocutores. Philip se tira faroles, dosifica información, tira a ciegas sus impresiones para ver cómo reacciona el otro.
    Me hace gracia por que en cierto momento se ríe de los métodos empíricos; tipo huellas, rastros, etc. Marlowe se emplea a fondo con la deducción, el farol y psicología. Haciendo de paso una dura crítica a la sociedad que le rodea. En El sueño eterno concretamente hacía la clase alta, como Fitzgerald en “El gran Gatsby”. Una clase donde algunos de sus miembros están corrompidos hasta la raíz y no dudan en dejar un rastro de cadáveres con tal de salvar su pellejo o su reputación.
    Después de esta reseña no va a quedar más remedio que hacerse con “La hermana pequeña” y fagocitárselo una tarde bebiendo whisky en vaso bajo y fumando como si no hubiera un mañana…
    Gracias por la reseña Paloma!

  3. El libro está lleno de expresiones que te dejan con la boca abierta… Marlowe es un antihéroe en la Norteamérica que ama los héroes, un rojillo en el macartismo, un hombre que no se deja corromper por el dinero en una sociedad que exhibe y exije la ampulosidad…
    Pero si las hubiese puesto todas, habría copiado el libro desde el principio al fin.

Deja un comentario

59

Seguidores

20

Publicaciones

25

Veces que ha sido leído este artículo