Libre albedrío en la Ilíada
4 de Septiembre, 2011 3
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1. La Guerra.

Los primeros pensadores griegos, ya sean autores dramáticos, poetas, o filósofos, tenían una percepción trágica de cómo estos quedaban encadenados a los hechos, y lo que estos producían. Sin embargo, ellos entendían esta vinculación como algo natural, lo llamaban simplemente “naturaleza humana”. Algunos avanzaron más allá, y subyugaron a sus personajes a un destino contra el cual solo unos pocos pueden combatir; aunque se encuentra tan indefenso, tal como el resto de los mortales. Estos héroes lucharán, cada vez más cerca de un destino, el que puede ser anticipado tan solo por un individuo habitualmente desconectado de la realidad, por ejemplo, Tiresias, en Edipo Rey. Un ciego, que está a salvo de los vicios y distracción traídos por la visión. Entonces, vemos por vez primera a los sentidos como engañadores, o al menos como un elemento distractor. No nos quedemos ahí y avancemos, creo que estamos viendo un camino claro, no quiero perderlo escondiéndome en filosofías que otros pueden pensar y escribir mejor que yo.
En nuestra amada y familiar Ilíada, vemos cómo los hombres han iniciado la guerra de Troya. El poema representa a hombres peleando en ambos lados, atrapados entre sus hombres, esclavizados por juramentos y lealtades. Son ellos quienes se arrojan a la guerra, sin embargo, son moldeados por esta. Son transformados por su búsqueda de victoria: todos curiosamente sabiendo que esta se encuentra próxima, aunque es resbaladiza y se escapa. Y cada vez que esto pasa, la muerte aparece. En la cresta de la ola, ellos olvidan su propia vulnerabilidad, y con ella se va algo de su humanidad. Son despiadados con el derrotado, o quien está a punto de serlo. En esta incapacidad de verse a sí mismos, y a los otros, en esta arrogancia que solo aumenta sus poderes, es que ellos se transforman en los títeres de un destino del cual ellos nunca serán arquitectos. Son sus fortunas las culpables de esa arrogancia, caprichosas damas siempre listas a cambiar. La arrogancia de la que hablamos descansa en una burbuja vacía, que se sustenta en una mentira que esconde solo por poco tiempo al enemigo: la condición humana.
Cuando la ola del destino los arroja, aprenden lo que es estar bajo el acero y la piedad de otros, que siempre serán tan duros como ellos lo fueron con sus enemigos. Llegan a ver que su pasada fortuna era algo insostenible, y ciertamente no confiable. Ante el rostro de la derrota ellos han aprendido sobre la ilusión del poder. Nunca fue realmente suyo, esto no es un juego literario, sería un error entenderlo así. No, esto es una imagen real, el ciego y borracho de poder cree en su propia inmortalidad, hasta que es despojado de su mentira y aparece la metálica verdad, con ella los despojos de su vida.

2. Lógica Hoplita
El poema nos muestra al poder como algo deseable, por todos quizás, pero también inapropiable, nadie puede hacerlo suyo, no en esta realidad. Los que se le aproximan son engañados por la ilusión que recorre a toda la obra: son lo suficientemente fuertes como para enfrentar solos cualquier obstáculo. El poder que quieren ejercer no existe, y la ilusión los esclaviza, consume su ser con cada línea que Homero nos regala.
En casa, los griegos tienen preocupaciones distintas y lejanas a las del poder. Algunos tienen buenas vidas, esposas e hijos. En el campo de batalla todas estas cosas parecen inmateriales, parte de un mundo pasado o ilusorio. No hay en ellos el componente esencial de la vida de estos héroes, Gloria. Por su lado los troyanos, están en su ciudad tranquilos cuando el hijo de Príamo, Paris, rapta a la joven y hermosa esposa de Menelao. Los griegos levantan una expedición hacia la gran Troya, reclamando la traición que ha sido este rapto. Cuando esto pasa, todos los actores de esta obra han renunciado a sus vidas, en mayor o menor medida.
Si bien ellos siguen siendo “ellos mismos”, han sido cortados de su vida, no hay vuelta atrás. Su destino ha sido remplazado por el deseo de triunfar, de aplastar al enemigo y salir con vida, o mejor, con gloria. Son seres unidimensionales en el campo de batalla, no tienen opciones pues han sido poseídos por un espíritu que exige de ellos mucho más de lo que cualquiera de nosotros podríamos pedir de alguien. En algunos pequeños lapsos, recuperan su humanidad, lloran a sus muertos, a sus vidas pasadas, recuperan sus humanidades. Incluso algunos nacen como adultos en este punto, Odiseo y Paris son caracteres infantiles casi todo el tiempo, hasta que florecen. No importa, no podemos encariñarnos con su humanidad, pues la perderán en cualquier minuto. Cada pieza de la obra se va ordenando, y los personajes caen en círculos de venganzas, que entraban para siempre sus destinos. Está claro en una cosa, se destruirán, no importa el costo personal.
En ese escenario su fortaleza física es lo único con lo que pueden contar, es el único punto donde ellos puede reconocerse a sí mismos como individuos y merecer reconocimiento. Es el opuesto a estar indefensos, se aferran a esta con tanto fervor que pronto esa fuerza los transforma en cosas, sin vida, sin humanidad.
No hay otra pieza literaria tan clara sobre la esclavitud del hombre a los eventos, que si bien son naturales, no poseen reflexión. Los miedos animales han emergido aquí como un medio de preservar la propia vida, los individuos aquí no ponen su propio marco para conocer la realidad, menos para poder moverse en ella.
Son pocos los momentos de gracia en la Ilíada, Simone de Veil los ve: “aparecen solo para mostrar la violencia y la destrucción que ella traerá”.

3. Más allá de los muros de Troya
Se dice que Homero ha tomado el poder de la naturaleza en sus manos. No nos deja escoger entre antagonistas, nos priva de la posibilidad de ver la luz en nuestros héroes. Miremos otras épicas, Tolstoy, como un ejemplo fácil y conocido. Nos muestra a sus personajes como seres capaces de tremendas luces, sin embargo ambos autores quieren relatar y entregarnos mundos tan reales como los entrega la naturaleza, sabemos ahora, que es imposible. Ni Tolstoy, ni Homero son la naturaleza, aunque miren el mundo con los ojos de dios. Ellos han juzgado a sus personajes, lo han hecho con amor. Ambos autores iluminan la obra con la luz de la justicia, incluso cuando esta parece tan imposible en el mundo de la Ilíada. Es que precisamente su ausencia es tan conspicua, que se nos hace evidente su retorno.
Lo que salva a los personajes no se encuentra en la batalla, al menos no en la Ilíada, ni en Guerra y Paz, quizás en ninguna épica. La seguridad de que el espíritu trascenderá a los ríos de sangre, a la muerte y al dolor, otro mundo espera a los gloriosos. Los que triunfan en este mundo tienen otras armas, paciencia, fe y una rebeldía que revoluciona los cimientos sobre los que la obra esta escrita. ¿Qué estoy diciendo? Muy sencillo, ambas obras están sentadas en épicas y hechos puntuales, probablemente reales como los cerros, los mares y los desiertos. Pero conforme avanza, los seres excepcionales clásicos como Héctor y Aquiles son destruidos, por su invisible destino. Pero han surgido otros, incluso los dioses han cambiado. Así es, como decíamos, florece Odiseo, su ingenio, que es traición, pero también es libertad. Así vemos como el amor del autor nos libera del peso de su relato, porque ya no es una crónica, sino un poema. Yo como dije al comienzo, quería hablar de libre albedrío, esta es mi primera aproximación al tema, pero he de seguir. Por ahora digamos que la luz del albedrío se hace más notable en su ausencia, al menos eso es lo que nos enseña Homero.

 

Biografía del autor

José Luis Flores (Chile, 1975). Escritor antes de cualquier cosa, guionista, creador de experiencias, dinámicas y juegos. Lector compulsivo. Fui creador de universos para la difunta Salo S.A, ahora sirvo de Director Creativo, editor, consejero y asesor en todas las materias en que nadie quiere opinar. Tengo como tres libros publicados, como tres más sin publicar y como doscientos que ni yo mismo quiero ver. Soy un poco leso, pero sólo un poco, así que ojo.


3 Comentarios
  1. Damos la bienvenida a Colectivo Río Negro y a su colaboración, un gran aporte a nuestra red social literaria.

    ¡Estamos encantados de poder leeros!

  2. Un estudio muy interesante, la verdad.
    Hay un episodio mitológico que complementa el punto dos de este ensayo y que me apetece recordar. Me refiero al momento en que Tetis, la madre de Aquiles, sabiendo que su hijo morirá en la guerra de Troya lo disfraza de mujer y lo esconde durante nueve años en la isla de Esciro donde convive como una sacerdotisa más. Y es Ulises quien debe ir a buscarlo, arrancarlo de su escondite mediante ardides que marcan su personalidad, para que se cumplan todos los designios y puedan ganar la guerra de Troya.
    Aquiles se hace el “remolón” todo el tiempo. No quiere luchar. Y no es hasta la muerte de su amigo Patroclo cuando, sintiendo profundamente su pérdida, se levanta por fin de su tienda y consigue la victoria. Claro que la profecía ha de cumplirse por completo, y él morirá.
    Muy buen ensayo; mi más sincera enhorabuena.

  3. Me parece una buena reflexión, el libre albedrío o en este caso la ausencia de él. Me imagino que cuando los protagonistas exhiben esa falta de humanidad, quizás no se les deba atribuir a ellos. Pues si el Hado es inefable y el destino estaba escrito la única herramienta para sobrevivir o triunfar, pues no hay más opciones, era esa mutación. Ese salirse de sí mismo para ser otro…aunque te acabes convirtiendo en un monstruo (no luches conviértete en un monstruo). Me parece recordar un relato de Borges. “Las tres versiones de Judas” donde en una de ellas, Judas no es contemplado como un traidor. Borges plantea que en realidad Judas es el gran redentor, pues sin su vil acto de traición, no hay salvación humana. “renunció al honor, al bien, a la paz, al reino de los cielos, como otros, menos heroicamente, al placer”. Como reflexión, leyendo ahora tu artículo, creo que esa carencia de humanidad es necesaria para el destino se cumpla.
    Como dato curioso, que me imagino que conocerás, se especula que Homero de haber sido un solo autor, podría haber sido ciego tal como lo es el docto Tiresias. Recuerdo un fragmento del gran poema de T.S. Eliot, “La tierra baldía” donde se le cita, Cuando lo leí provocó en mi gran curiosidad y el deseo de saber más de él.

    Felicidades y bienvenido.

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