P.D. James, la dama de los enigmas
PD James

Obra comentada:
James, P. D. (2006) Cubridle el rostro. Barcelona: Edhasa.

Phyllis Dorothy James White, escritora inglesa, nació el 3 de agosto de 1920. Antes de dedicarse exclusivamente a la literatura, trabajó como administrativa en el Servicio Nacional de Salud y en el Servicio forense del Departamento de Policía del Ministerio del Interior, lo que, según Costa (1) , le permite tener el conocimiento necesario para la elaboración verosímil y documentada de su obra.
A los 36 años comenzó a dedicarse seriamente a la escritura —un respiro para los escritores tardíos— e inmediatamente sus obras fueron leídas y acogidas favorablemente por la crítica.
Costa señala que se reconocen en su primera novela, Cubridle el rostro (1962), muchos elementos de Agatha Christie: “el crimen se comete durante un fin de semana en la casa de campo de una familia adinerada y los sospechosos son los miembros de una familia, el servicio doméstico y los invitados” (p. 72).
Sin embargo, para Costa, en este modelo de literatura policiaca, se inserta una mirada lúcida del sexismo retratado en el relato y hay alusiones a problemas económicos en algunas familias que han gozado de un estatus y de una situación privilegiada.
Creo que es necesario agregar otros elementos críticos que se manifiestan en el desarrollo de la novela como, por ejemplo, un manejo brillante de la ironía en el momento en que hay referencias de la comida inglesa y, también, en la aparición de la caridad que se muestra como un instrumento que asienta la superioridad y reafirmación de las almas caritativas.
Por otro lado, hay un gran manejo de la anticipación y de las elipsis; esto último permite una economía del relato que no entorpece la entrega completa de la información. Cuando digo “entrega completa de la información” me refiero a que las omisiones, que atañen a algunas de las entrevistas llevadas a cabo por el detective Adam Dalgliesh a los sospechosos o testigos, son reproducidas por medio del estilo indirecto.
Lo anterior no excluye el fair play aludido en el análisis de Costa de la obra de PD James, ya que “no oculta información ni pista alguna para permitir a sus lectores/as deducir por si mism@s” (p. 81). En este sentido, en el desarrollo de la investigación de Dalgliesh, podemos llevar a cabo un descarte que permite descubrir al/la asesin@. Sin embargo, es probable que los prejuicios de los lectores/as jueguen en contra de esta pesquisa, pero eso es responsabilidad de cada uno.
Sólo he leído dos novelas de la autora (Cubridle el rostro y La torre negra) y a partir de estos relatos he sacado en limpio que el detective Dalgliesh es viudo, solitario, poeta, le gusta la música y duda de su “vocación”. A lo que quiero llegar es que pienso que a través de las dos novelas, se muestran los problemas que acompañan el acontecer, pero no hay una profundización en los cuestionamientos, sufrimientos, dudas que no conciernan su trabajo o el presente del personaje.
No obstante, si hay una pregunta que se esboza es en La torre negra, ya que Dalgliesh, por una enfermedad mal diagnosticada, piensa que va a morir. Sin embargo, esa cercanía a la muerte, sólo le hace cuestionarse su continuación en Scotland Yard. En otras palabras, no hay una reflexión profunda en torno a su vida o a sus decisiones que trasciendan el ámbito profesional.
Quizá la comparación no sirva de mucho, pero este tratamiento tan escueto del personaje principal, me invita a contrastarlo con el personaje de Henning Mankell, el detective Kurt Wallander, quien, a parte de la investigación misma, muestra su soledad, su divorcio y el sufrimiento que él experimenta por el abandono de su mujer, la relación tirante con su padre, con su hija, etc.
En ese sentido, al retratar a Dalgliesh tan sintéticamente se pierde la complejidad necesaria que permita una empatía o que se encuentre verosímil al personaje retratado.
Es probable que la narración no necesite de ese entorno al que me refiero, o que esa omisión en estas dos novelas no sea tan relevante porque la atención se fija en los sospechosos: sus pasados, frustraciones, enfermedades, miedos y anhelos. En otras palabras, se sabe mucho más de ellos que del propio protagonista, como si fuera él un instrumento de revelación o un voyerista que vuelca su vida en las desgracias y decadencias ajenas.
Siguiendo con la comparación, Wallander descubre crímenes que se relacionan con problemas de envergadura más amplia: espionaje, corrupción, xenofobia, etc., lo que permite relacionar su obra con la novela negra (aunque sea un miembro de la policía sueca quien lleve a cabo la investigación). Lo anterior, le da relevancia a la reacción que experimenta el protagonista ante la realidad podrida que está desenterrando.
En cambio, en el caso de Dalgliesh, en Cubridle el rostro, el crimen que se ejecuta no trasciende el “protegido” y claustrofóbico entorno de una casa de campo familiar.
Quizá es por esa razón que los finales en las dos novelas de P.D. James son más abruptos, es decir, se devela el misterio y la historia finaliza; en cambio, en las novelas de Mankell, hay una adecuación por parte del detective a su vida, una vez que el caso se ha resuelto. Además, en este último caso, también hay una conclusión en los aspectos secundarios de la vida de Wallander, lo que prolonga naturalmente el desenlace del relato.
El contraste entre las novelas de P.D. James y de Mankell quizá no tiene cabida en este comentario, por tratarse, por un lado, de una novela de enigma y, por otro lado, de una novela que va más allá de la investigación misma: nos muestra la corrupción política, desigualdades sociales, vale decir, desenmascara una sociedad que aparentemente funciona a la perfección. En este sentido, la novela de enigma acaba una vez que se restaura el orden perdido por el crimen, en cambio, la novela negra, demanda un cambio o una perturbación por parte del detective que se reencuentra con una realidad cruda, cruel. Como afirma Manchette (2) ”El mal domina históricamente. La dominación del Mal es social y política” (p. 20).
De este modo, la comparación de dos personajes que cumplen un mismo rol en contextos literarios diferentes puede ser un ejercicio desafortunado. Dalgliesh representa a un detective de las novelas de enigma, sin embargo, como se dijo anteriormente, se escapa de la visión estereotipada o tiesa de las novelas que representan este tipo de escritura a través de la ironía, la crítica al sexismo, a los prejuicios o a la comida inglesa, por ejemplo.
En resumen, Cubridle el rostro y La torre negra son novelas muy bien escritas, las reflexiones de los personajes mediadas por el narrador son muy interesante, incluso, algunas veces incomodan por el contraste que se produce entre las reflexiones, las palabras y la vida que ellos llevan. Provoca enterarse de las ambivalencias, de las miles de caras, de las facetas escondidas, en fin, aunque nos encontremos con una novela de enigma, hay intromisiones lúcidas que desestabilizan un poco las clasificaciones cómodas que acostumbramos a hacer cuando leemos.

NOTAS:
(1) Las citas, salvo indicación contraria pertenecen a:
Liliana Costa. (2011). “<>. P.D. James, la virtuosa abuelita”. En de Andrés Argente, J. y García Rayero, R. (Eds.) (2011) Las damas negras. Novela policiaca escrita por mujeres (pp. 69 – 85). Madrid: Editorial Fundamentos.

(2) En José Luis Sánchez- Silva. (2007). La feria del crimen. Nueva narrativa negra francesa (11- 22). Madrid: Ediciones Lengua de Trapo.

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