El gran Pepe Carvalho es esa clase de detectives privados que no existen en la vida real, pero si existiesen, serían los seres más genuinos del planeta.
Pepe Carvalho come en bares en los que huele a riñones al jerez, es un sibarita de la gastronomía que regala sus recetas al lector, cobra en peseta, conduce un Seat Coupé rojo y tiene una novia, Charo, que es puta.
Es decir, Carvalho es un tipo que:
Cambiaba a todo Rembrandt por un culo femenino hermoso o un plato de spaghetti a la carbonara.
En Tatuaje, un cadáver aparece flotando en el mar con la cara comida por los peces y un tatuaje a la espalda que reza: “He nacido para revolucionar el infierno”. A partir de aquí, un encargo a Carvalho nos llevará a través de las calles y bares de Barcelona, Amsterdam y Rotterdam, pasando por los delincuentes de poca monta y de gente de mal vivir cuyos nombres son tan pintorescos como “El Madriles” o “El Bromuro”, un mundo donde quedan ya pocos tatuadores y los únicos que se tatuaban eran marinos y chusma. Ese ambiente irá desenvolviéndose a golpe del cuplé de idéntico nombre que la novela y que va determinando algunas pistas vitales para el detective:
El llegó en un barco
de nombre extranjero [...]
Su pelo era rubio como la cerveza…
Según Pepe Carvalho vaya descubriendo más datos sobre este cadáver, el lector irá conociendo a su vez el pasado oscuro del detective y que aquí no desvelaremos para no romper el encanto de la novela.
Diremos, como única pista sobre su personalidad, que Carvalho es un gran lector que quema en su chimenea libros que no le gustan, y que recrea situaciones teniendo en cuenta pasajes de novelas, como cuando el narrador dice:
Carvalho no quería extremar la sorna, ni comportarse como un personaje de Chandler enfrentado a un policía de Los Ángeles tonto y brutal. Entre otras cosas porque el inspector no era un policía de Los Ángeles tonto y brutal y él no era un personaje de Raymond Chandler.
Todo un detective con los pies en la tierra.


Estos libros son BUENISMOS!!!!!!
Si que lo son!
me dejaron con ganas, saludos