El principio del fin
24 de Octubre, 2012 1
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La vida nunca para, jamás pausa su ritmo, siempre vive. Como vida que es y como viva que está, siempre sigue, todo pasa siempre vive.

Y pasajeros del tren de la vida, recorremos sin descanso los caminos que crean los ciclos de la vida.

El ritmo de la vida esta presente en todo lo que ella toca, en todo lo que representa y marca ciclos de vida que se repiten una y otra vez, cuando un ciclo termina es cuando de nuevo el ciclo comienza siendo el fin el principio y el principio el fin.

Y viviendo la vida, irremediablemente nos sentimos afectados siempre por esos ciclos. Aprendiendo a aprovechar las corrientes positivas y amortiguando los malos momentos, lograremos un estado cuasi equilibrado donde la paz interior ira en aumento cuan mas cerca estemos de obtener dicho equilibrio.

“A menudo se gana cuando se pierde”. Extraña afirmación que refleja el significado de una vida imparable, que lo que finaliza, es siempre el comienzo de algo nuevo.

Multitud de casos en la cotidiana vida y en la naturaleza demuestran que el ritmo de la vida lleva a crear ciclos que terminan cuando empiezan y que empiezan cuando terminan.

El principio del día es el final de la noche. Al finalizar un día, comienza el orto en la antípoda del lugar que goza el ocaso. El final de cada fase lunar es el comienzo de la siguiente fase, así hasta comenzar el ciclo de nuevo y de manera ininterrumpida. El principio de un año nuevo es el final del anterior. Al finalizar la primavera comienza el verano y el principio del otoño marca el final del verano y así sucesiva e interminablemente. En el preciso instante en el que la marea marca su cota mas baja comienza el principio del ascenso de su nivel hasta alcanzar la pleamar y vuelta a comenzar el ciclo. Después de la tormenta llega la calma y después de ésta de nuevo la tormenta. El final de un sueño es el principio de su materialización. El final de esta vida es el comienzo de la otra.

Infinidad de situaciones que reflejan el constante ritmo de la vida. Y en nuestra individual vivencia, cíclicamente y constantemente, al igual que los demás seres y elementos de la vida seremos receptores de momentos buenos y malos. Rachas buenas y no tan buenas. Creeremos perder cosas pero tras su superficial efecto encontraremos que a menudo lo creído perdido es ganado por el lado que es generado nuevo tras la pérdida que no es sino la finalización de algo y su consiguiente comienzo de algo nuevo. “No hay mal que por bien no venga”.

No exentos de la ley de causa y efecto, dichos ciclos son flujos de corrientes de energías que favorecen y ayudan en la realización y consecución de cosas como lo son las mismas que desfavorecen en el ritmo contrario de dicho ciclo.

El principio de la luz es el final de la oscuridad. El comienzo del calor pone fin al frío. Así como Amor y odio son polos opuestos de la misma cosa.

Ritmo de la vida, balancín en la polaridad de los extremos que la componen. Recorriendo esos extremos, la vida crea su ritmo y sus ciclos.

Aprender a conseguir el equilibrio en las numerosas facetas de nuestra vida aporta paz espiritual emanadora de luz para estabilizar el camino que la recorre.

Dinámica, constantemente cambiante, la vida va creciendo y nosotros subidos en ella crecemos al ritmo que seamos capaces de dominar. Dominar los momentos en los que el ritmo marca una mala etapa, ser consciente de que el “agujero” siempre se presentara delante de ti, con autocontrol, podrás saltarlo, con dominio no lograras hacer que no vuelva hacia ti, pero lograras que pase debajo de ti, ya no habrá que saltarlo. Dominar a su vez las corrientes de energía que generan momentos positivos para aprovechar al máximo esa energía y conseguir logros que hagan florecer nuestro interior en un crecimiento imparable.

De los malos momentos aprende a buscar el lado bueno, siempre lo hay, controla ese don y aprende de tus errores y nútrete del principio del fin.

 

1 Comentarios
  1. todo es circular, sí. mi voto dinámico.

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