Felicidad ajena
22 de Septiembre, 2012 5
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Me he prometido a mí mismo que si lo logro, encontraré a esa chica y le daré las gracias por salvarme la vida.

The lucky one

 

Los recuerdos chocan entre sí en mi memoria intensa. Eres tú o soy yo, no sé, esta estúpida melancolía brota desde lo más fondo de mi ser. Eres tú la culpable de todo esto. Del eterno luto que llevaré siempre. De los cuadros que pinto desde lo más triste de mis noches. Del zig-zag violento del humo del cigarro extraño que fumo. De las noches sin noches y de las mañanas absurdas, frías. Del sol que ahora carcome mi pecho. De este maldito día que ahora ya olvidaste.

Eres tú ese poema que se olvida en algún lugar de este mundo. Eres tú, la persona que ya se olvidó de todo, mientras mis ojos siguen clavados en la rara pintura que estoy acabando. Eres tú la principal sospechosa de mis noches de insomnio cuando nadie me busca, cuando las princesas de cartón se van, se alejan de mí. Eres tú, la eterna risa que saborea el filo de mi cama, de mis sueños preñados de nostalgia hebrea. Eres tú, mi silencio y mis momentos de locura. Eres tú, lo que yo llamo felicidad. Felicidad la tuya, la que vives, la que pronuncias en cada espacio que sobrellevas con ese azul despecho que tanto te caracteriza. Eres tú, la persona que hace que desconozca mis poemas, mis columnas. Lo eres, porque cuando escribo por ti, soy otro, un intruso, un infeliz. Eres tú, lo que yo no soy para mí. Alegría eterna.

Acaso puedes demostrar que no vivimos una alegría casi inmediata, cuando nuestros brazos se entrelazaban, cuando nuestros cuerpos chocaban al ritmo suave de una canción romántica. Esa canción que al ritmo de las velas, del fuego pendiente, nos destrozó la pureza. Nos llevó a deleitarnos día tras día al filo de nuestra lujuria adolescente. Pero de pronto, todo se acabó, todo explotó. Todo el mimbre azul de nuestro amor se derrumbó como un castillo de naipes. Y, ahora tú vives tan lejos como puedes. Tan feliz. Esa sonrisa no engaña. Y, yo acá, abriendo el ron de tu ausencia, fumando despacio el feeling de mi mirada. Estás tú, sin precisamente estarlo. A veces, logró escuchar tu voz. Y te parecerá absurdo y de locos, pero a veces te siento al lado izquierdo de mi cama.

Y esta carta es sólo esto, la ausencia de mi felicidad. El esquivo rumor que ahora muero en vida. Pero estoy tranquilo. Porque sé que mañana todo pasará, seré el mismo de siempre. Como el que te enamoraste. Tan romántico. Tan lindo. Tan caballero y tan gracioso. No te diré nada más, sólo una cosa: Disfruta tu felicidad ajena.

5 Comentarios
  1. Bellísima carta de amor desesperado, Eduardo. Te felicito. Mi voto

  2. ¡DIOS MÃO, EDUARDO, ERES ESTUPENDO!!!

    Por algo eres uno de mis escritores favoritos; mientras te leo, tengo una tonta sonrisa clavada en el rostro.
    Mi voto con mucho cariño.
    Ah… La frase al principio… reavivaste mi deseo por leer dicho libro; pero desafortunadamente no lo he podido conseguir en Venezuela ni en Colombia (vivo en frontera)

    Seguiré pendiente de ti.
    Un fuerte abrazo.

  3. Fantástica carta, sin duda una pieza de romanticismo salida del alma. Gracias por regalarnos una parte de lo que tu corazón y tu inspiración pueden lograr, te has llevado varios de mis suspiros y algunos recuerdos con tus letras… Pocos escritores logran plasmar sentimientos tan únicos como lo son el dolor y la espera, el desamor y la cruda realidad de aceptar lo inaceptable… ¡Me encantas! Tienes mi voto por supuesto!! Ha sido un placer leerte…Un saludo desde México.

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