La atmósfera —pesada de tanta inmundicia— se desplomó sobre los valles. Las montañas quedaron fuera de ella y todo lo que había sobre los altos pasó a otro mundo. No hubo tiempo para más. Siglos de destrucción impune habían acabado con un planeta y las naves salieron ráudas en busca de otro; el génesis se repetiría, así como la destrucción y el despilfarro, la estupidez y la indiferencia ante la naturaleza, el hombre y sus necesidades.
Miles de personas murieron, tenía que ser así, porque una humanidad que no sabe cuidar a su medio, termina cosechando lo que siembra: la muerte.




Pataplás, si señor. Aterrador, mi voto.