¿Dónde está el niño?
13 de Febrero, 2012 3
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- ¿Dónde está el niño?

Le hizo la pregunta un tanto ceremoniosamente, mientras se quitaba el sombrero con igual parsimonia. Lo apoyó sobre su pierna derecha y la miró, esperanzado. De perfil le pareció más joven que cuando se cruzó con ella, hacía tan solo unos minutos. El pañuelo le quedaba tan bien que parecía formar parte natural de su cuerpo, y bajo él, sobre la frente, rubios mechones de pelo sueltos luchaban por abrirse paso. Una triste sonrisa, apenas esbozada, apareció en su rostro, reacción tal vez a la pregunta que le había dirigido. La observó mirar a lo lejos, más allá de la estación, hacia las vagas y lejanas luces de una ciudad próxima, con sus claros e insondables ojos grises. Bajo la luz cenital de los fluorescentes de la estación adquirían un significado adicional, de tristeza o de condolencia. Finalmente respondió, sin mirarle.

- Eu un inteleg ceea ce am spus, eu un vorbesc limba dvs,

No le extrañó que le hablara en otro idioma, que era el mismo que acababa de oír, en sordina, en su propia boca, entonando aquellos guturales canturreos. Terminó la frase un tanto abruptamente, tosiendo, obligada por un acceso intermitente de aire que le llegaba desde su interior, y que seguramente acarreaba, enroscadas a él, una amalgama de ocultas y ancestrales emociones. Daba la impresión de querer llorar y no poder. Bajó la cabeza lentamente, como si estuviera ejecutando una postura estudiada, hasta colocarla casi a la altura de sus piernas, que permanecían juntas y apretadas, como dos hermanas en vigilia, haciendo piña y rezando devotamente por su madre moribunda. Se hizo un ovillo. Cerró completamente los ojos y permaneció así unos minutos. El basculaba entre sus propios sentimientos, confusos y encontrados, y su atención hacia ella, a quién fue a tender una mano, sin llegar a hacerlo.

A lo lejos, a su derecha, desde la profunda oscuridad en que la noche, ya cerrada, había convertido el rectilíneo trazado de las vías, emergió un creciente rugido, que anunciaba la llegada de un tren.

Era su tren.

Cuando éste se detuvo, frente a ellos, con un estridente chirrido, la mirada curiosa del niño le descubrió, desde la ventanilla.

Antes de levantarse para ir a su encuentro miró un instante a su izquierda, buscando a la mujer, pero ésta ya no se encontraba allí.

3 Comentarios
  1. El relato tiene mucha fuerza, muy bueno. Gracias por compartir. Saludos

  2. Oporto, te felicito por este cuento, envuelto en el misterio de esa mujer hablando en un idioma desconocido… y su desaparición, cuando llegaba el niño en el tren, me recordó los cuentos de Maupassant.
    Atentamente, Volivar Martínez (Jorge Martínez, Sahuayo, Michoacán, México)
    Y aprovechando la oportunidad, con motivo del día del amor y de la amistad te deseo lo mejor en todo, especialmente en la literatura.

  3. Gracias por vuestros comentarios,
    un abrazo fuerte,
    salud y amor a todos a ambos lados del charco

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