¿Paseamos en pleno conflicto?
8 de Marzo, 2012 9
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Eran tiempos de cielos grises, de humos mortíferos saliendo de inmensas chimeneas industriales. Eran tiempos de rayas y números de serie, de decir adiós y no mirar atrás, eran tiempos difíciles para la libertad. Ernesto se alejó de todo aquello, dejando atrás un imperio sacro tras el estallido del caos general para adentrarse en el ahondado nacionalismo de su tierra natal, la España profunda, trayendo consigo miras extranjeras renovadas y revolucionarias. ¡Graso error buen visitante, paria en tu propia tierra! Conforme se adentraba en la llaga abierta de aquel país sangrante, más náuseas le daba su vuelta.
Arduos años se sucedieron vagando por los suburbios de una conserva oxidada y opresiva, tanteando en su penuria, merodeando por el ala izquierda y derecha de una nación cansada, la cual poseía una fiera reserva de resquemor contenido. Vivía bailando entre dos aguas mientras finalmente caía en picado por el lado más rojizo del crudo atardecer. Inconscientemente, se había decantado por permanecer allá donde creía que estaba su lugar en una patria represora, allá donde el pensamiento se hacía auténtico eco y resultaba la más peligrosa demostración personal.
A él que había visto nacer un nuevo siglo, el esperado XX, el verano de sus 38 primaveras le privaron finalmente de todo resplandor. Ya no quemaba, pero tampoco calentaba como la suave brisa inducida por sus rayos. Con el paso de aquello que llaman tiempo, se le olvidó el color del propio astro rey, incluso cómo se sentía la ceguera al mirarle de frente. La única claridad que allí existía se parecía más a la de un topo bajo tierra.
La moral se minaba a pasos agigantados, a la vez que la piel se curtía debilitando todo despojo de su ser tras ella, a la sombra de una oscuridad obligada. Entonces, un día se hizo la luz, un hecho que parecía improbable y soñado, totalmente ficticio. Una voz ronca atravesó el mural arrancando la magia del momento, sin embargo, le dio lo que él más quería: poder salir. Iba a respirar aire puro por fin, nuevamente pisaría suelo firme…
- Sal, es hora de ir a “dar un paseo”.
Ni siquiera tuvieron que repetírselo, inocente de él. Sonriendo, como el niño al que dan permiso para volver a jugar, ilusionado además, Ernesto salió a la cálida realidad de un nuevo día empezando a asomar por el oeste. El fulgor de la madrugada se presentaba único ante sus desacostumbradas retinas. No recordaba mejor instante de su vida, pues se sintió renacer.
Eran tiempos de veneno a cañonazos, de muertes sin compasión y de indiscriminada osadía cuando de violencia se trataba. Se oyeron disparos ahogados al alba segundos antes del hueco sonido producido por los casquetes, entonces desparramados por aquel improvisado escenario. Los fusiles descansaban ya sobre los hombros culpables, de vuelta al lugar de donde nunca debieron salir.
Los primeros rayos de sol tornaron rojiza la vasta extensión del cielo al amanecer. Un sinuoso río de semejante tonalidad, aunque más intensa, tras este espectáculo de colores se deslizaba colina abajo. Se había terminado el paseo, recibiendo el peor de los castigos, caer para permanecer en el olvido de la memoria histórica.
9 Comentarios
  1. Excelente apuesta a la reflexión, y a la acción, ambas se dan la mano. Saludos, me encantó.

  2. Beatrioz losilla: tu relato me cuasó inquietud, por los terribles contrastes en la actvidad humana: por ejemplo, una nación tan culta, tan humanitaria, tan progresista, no me la puedo imaginar sumida en esos
    “tiempos de veneno a cañonazos, de muertes sin compasión y de indiscriminada osadía cuando de violencia se trataba”. Simplemente se hace increíble esos estados anímicos del hombre, que, quién sabe por qué, se torna en un ser tan salvaje que sin piedad alguna destroza a sus hermanos.
    Volivar

    • Volivar, sí que es inquietante, sí…
      Bien es sabido ese oscuro periodo que fue la Guerra Civil aquí en España, bueno, como cualquier guerra. Supongo que la clave del texto viene dada por el famoso “paseillo” al que llevaban a “dar” a aquellos que iban a ser fusilados en cualquier descampado, no hablo de posturas políticas porque tenían una amplia gama de víctimas. Una triste realidad, que por lo menos aquí, ya pasó y allí quedó…
      Gracias por tus comentarios :)

  3. El ser humano es capaz de los actos más honorables… y luego pisotearlos con los más deshonrosos. Desgracidamente, la guerra desata nuestro peor lado.

    • En esos momentos se deja de ser persona, no hay excusa para semejante brutalidad, pero no queda en nada lo que aquí sucedió en comparación con lo que al principio menciono de la brutalidad alemana, por lo del imperio sacro (germano).

  4. Eso me recuerda a algo que tengo escrito por ahí sobre la matanza de Lídice. Pronto lo colgaré.

  5. Me ha gustado tu relato, Beatriz, aunque me pierdo un poco en tu texto. Te he empezado a seguir en tu blog de blogspot, tú también te puedes dar una vuelta por el mío si te apetece algún día. Sobre la Guerra Civil hay mucho que decir, pero cada uno tenemos un punto de vista y una forma de expresarnos. Sería interesante escribir un día sobre ello e inspirarme en tu idea.

    Gracias por compartir tan precioso texto y ánimo con tus futuros textos.

    • Supongo que te perderás más en la primera parte… La hice más abstracta, llena de símbolos si se sabe un poco del período, porque no quería para nada redactar los hechos explícitamente.
      Me alegra igualmente que comentes con sinceridad y que te haya gustado.
      Acabo de ver lo del blog y me voy a pasar por el tuyo, por tema de exámenes a veces hasta escribir se hace cuesta arriba…
      Espero pronto un texto tuyo sobre la Guerra Civil y sería interesante saber que un poquito he influido en esa idea jaja
      Gracias David :)

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