Es muy fácil deshacerse de alguien al que odias. Si alguien te resulta molesto evítalo y adiós a tu problema. Pero, ¿qué pasa cuando esa persona a la que odias la tienes pegada a ti las 24 horas del día? ¿Y si la tienes debajo de la piel? ¿Y si es tu propio pellejo?
No soy la típica chica emo con tendencias suicidas. De verdad. De hecho soy bastante típica. Es más, deseo ser la típica chica adolescente ya que eso significaría que esto se me acabará pasando. O eso espero.
No sé como expresar la sensación de asco. La ilusión de mi cuerpo desprendiéndose de mí como si de una piel de serpiente se tratase hace que me sienta bien por unos momentos. Pero después, como de la nada, aparece flotando una bolita. Una bolita del tamaño de una pelota de tennis que supongo que representará mi consciencia. Es negra. Sucia. Hay veces que incluso gotea de esta una especie de líquido negro semejante al petróleo. Y es en ese momento cuando vuelvo a ser consciente de mí misma. Vuelvo a ser consciente del roce de mis piernas y brazos contra mi cuerpo, del roce de los dedos entre sí, del roce de mis labios… Y no lo aguanto. No lo aguanto.
Hay noches que son especialmente… intensas. Algo bastante chocante en mí es que no he pasado la fase de egocentrismo que se da en la infancia. Cuando eres pequeño piensas que todo lo que pasa a tu alrededor ocurre por tu culpa. Que todo se centra en ti y que eres el ombligo del mundo. ¿Sabéis lo que os digo no? Pues bien. Tengo 18 años y no hace más de un mes, en una de estas “noches intensas”, empecé a pensar en el hombre que se pone a pedir limosna en un semáforo que hay cerca de mi casa y, no sé cómo ocurrió exactamente, llegué a la conclusión de que la situación de este hombre era culpa mía. Y de ahí extendí mi sentimiento de culpa al hambre del mundo. ¿Cómo os sentirías si medio mundo estuviera pasando hambre por vuestra culpa? Si esto te lo crees realmente no es tan raro que te sientas como una mierda. Y yo me lo creo. Bueno, me lo creía. La parte positiva de esto es que al día siguiente vuelvo a ser la chica de 18 años que lo único que mata de hambre es a sus peces cuando se le olvida darles de comer.
Como ya he dicho, no soy la típica chica emo. Simplemente soy una chica muy egocéntrica, melodramática y que, en ciertas ocasiones, tiene una imaginación tan creativamente oscura que asustaría al mejor psicólogo.
En esas noches oscuras, en las que soy plenamente consciente de cada poro de mi cuerpo, se me olvida quién soy. Se me olvida que soy una buena chica que tiene sus defectos pero que finalmente siempre se acuerda de echarle de comer a sus peces.
Pasará.



Grandes conflictos y pequeñas soluciones. Afirmaciones contenidas en la botella de la confusion. Relato duro, me ha dado qué pensar….
… Para al final descubrir que todo lo que tiene, lo que le sobra y lo que echa de menos le ocurre por su talento creativo. Tan creativo que vive la literatura, además de escribirla dentro de tantos personajes como las personas le sugieren ¡Una suerte nacer con un temperamento dramático! Su vida no será plana.
Bien escrito.
Eferjim, esas noches intensas tuyas no son oscuras sino luminosas. Te deseo que no pase. Me gusta como lo has escrito. Quizá, y disculpa el comentario, si lo relees podrías haberlo ordenado más, dándole otro ritmo. En cualquier caso, felicidades,
Ten por seguro que me lo tomo como un comentario constructivo. Soy consciente de que soy nueva en este mundo y precisamente me he inscrito en Falsaria por comentarios como los tuyos. Los necesito.
Ahora mismo no escribo nada que me deje totalmente satisfecha pero espero que esto cambie en un futuro.