180 globos de amor
18 de Septiembre, 2012 11
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Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras que no la ame.

Oscar Wilde.

 

 

Nunca he sido bueno para los detalles, los detalles planeados. Jamás de jamases. Siempre me he dedicado a escribir cartas, escribir cartas al infinito y más allá. Cartas que no son enviadas a nadie, pero tienen remitente – me explico- Cartas que escribo a personas que por supuesto no me leerán, que por supuesto no les interesa leer cada sorda palabra que yo les pregono. Siempre me he dedicado exuberantemente a escribir poemas, poemas que son definitivamente no entregados a sus musas. Poemas que jamás serán vistos. Poemas que quizás publique un mal día, cuando la soledad aburridona me haga hacer tremenda locura.

Toda mi vida he sido alegre, pegajoso y chico de risa fácil. Tengo la manía de lanzarme cual monito selvático a los hombros de mis acompañantes. Tengo el defecto de hacer miles de preguntas, preguntas a veces bastante tontas, preguntas y más preguntas. No quedarme callado. Y, si no tengo que cosa preguntar, la hago reír. Desde ahí, todo bien, todo mostro, todo chévere. Pero, acaso pude hacer en mi vida un detalle bastante generoso, un detalle que me cueste sangre, sudor y lagrimones. No, entonces pensé. Al ataque mi Valiente.

Leí en un libro donde la fantasía de la autora era que le regalen 180 globos. Claro eso no era todo, los globos tenían que contener un poema adentro, un poema inédito y además un sinfín de pica - pica plateadas. Eso era para la autora, la paciencia que un hombre debía tener. El detalle que el hombre debía tener, para que ella nunca lo olvidase. Aunque el destino fuera terco y violento. Jamás ella olvidaría eso.

Entonces, quise hacer eso. La cosa era complicada, estaba todo el día con la muchachita en cuestión y el único tiempo que tenía libre era en la noche. Llegaba siempre a las 11 de la noche a mi casa, eso quiere decir que no tenía mucho tiempo. Los poemas los escribí en 6 días, 30 poemas cortos por día. Los poemas eran escritos a la luz de la lámpara de 11 de la noche hasta las 2 de la mañana aproximadamente.

El día anterior en el cual estaba planeador ser entregado – día especial- me excuse y partí un poco más temprano de su casa. Compré los 180 globos y el pica - pica plateado, llegué a casa y me di con la sorpresa que por el apuro me había olvidado el inflador de globos. Es decir, tenía que inflar todos los globos con mi aire. El trabajo en realidad lo vi bastante difícil. Pero seguro esa era la idea del esfuerzo. El detalle, el bendito detalle. Me iba sacar más sudor de lo planeado o mejor dicho más aire de lo planeado.

El primer paso fue enroscar los 180 poemas con ligas transparentes para que puedan entran en el globo, luego poner una cantidad moderada de papel plateado cortado en cuadrados pequeños. Para esto el lugar de trabajo era mi cama, para no quedarme dormido, había puesto música. La hora avanzó bastante apresurada y los cachetes estaban retraídos por tanto globo. Eran las 3 de la mañana pero aún faltaban 30 globos más, porque se me habían reventado algunos. El trabajo terminó a las 4:30 de la mañana. No podía dormir, de pensar como tenía que hacer para trasladar los 180 globos y el peluche tamaño familiar que tenía en mis manos. Hice los imposible, junté todos los globos y los coloque rápido en el primer taxi que encontré. Al llegar a su casa, la muchacha en cuestión estaba bañándose y aproveché para colocar los dichosos globos, fruto de mi esfuerzo y suspiros.

Ella salió y su sorpresa fue bastante impactante. ¡Tú lo hiciste!, dijo. Claro, pues mamita, quién más, el vecino – pensé - .

Reventó globo por globo, leyó poema por poema que guardó celosamente.

Pero este cuentito de hadas no tiene final feliz. O sea, imposible, un melancólico como yo, no podía tener final feliz. La alegría y el amor eterno duraron bastante poco. Ella se fue en el jazmín de su locura y yo me perdí en el silencio agitado de mis benditos 180 globos. Ahora ella es otra y yo sigo siendo el mismo. Ahora ella ni se acuerda de los benditos globos. Y, yo me rio por haber sido tan romántico. Pero me río más porque sé que algún día, haré algo mejor que esos globos, que se fueron volando con el más leve viento que suspiro barranco por esos días.

11 Comentarios
  1. Eduardoflores: ¿pero a quíén caramba se le ocurre hacerle tanto caso a las mujeres?
    Está bien eso de hacer cosas lógicas, y tal vez algunas románticas… pero, ¿inflar 180 globos, y, además, con un poema cada uno? Bueno, pero cada quien, ¿no?
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  2. Qué historia increíble, Eduardo. Hermosa, romántica y triste. Mi voto

  3. Eduardo, ni siquiera han sido hechos para mi y ya me siento en las nubes! Fantástica narración.. y si esto es verdad, si lo has hecho y no es una historia de fantasía…. Te admiro y aplaudo tu romanticismo, que hombres con esos detalles… no se ven muy seguido! Saludos desde México… y claro!!! Mi voto totalmente!!

  4. El mundo es de los osados. Lo triste hubiera sido no haberlo hecho.

  5. La repetición de palabras por lo general demuestra poco dominio del lenguaje escrito; pero en tus relatos… ¡son fantásticos! De una forma sencilla vas hilando cada línea expresada; muy enternecedor, nos dejas ver de buena manera al romántico que hay en ti. Además, el romanticismo no debe perderse jamás, sin importar si se cae o no en el ridículo. Sólo es cuestión de saber de a quién va dirigida tus sentimientos.
    Hermoso.
    Mi voto, y un abrazo.

  6. Definitivamente el amor es una locura, algo parecido voy hacer y navegando por la internet me tope con esto, dicen que el destino esta predestinado, ahora no sé si es verdad, Buen relato realmente muestras tus sentimientos con mínimos detalles que hacen una gran diferencia.

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