Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras que no la ame.
Oscar Wilde.
Nunca he sido bueno para los detalles, los detalles planeados. Jamás de jamases. Siempre me he dedicado a escribir cartas, escribir cartas al infinito y más allá. Cartas que no son enviadas a nadie, pero tienen remitente – me explico- Cartas que escribo a personas que por supuesto no me leerán, que por supuesto no les interesa leer cada sorda palabra que yo les pregono. Siempre me he dedicado exuberantemente a escribir poemas, poemas que son definitivamente no entregados a sus musas. Poemas que jamás serán vistos. Poemas que quizás publique un mal dÃa, cuando la soledad aburridona me haga hacer tremenda locura.
Toda mi vida he sido alegre, pegajoso y chico de risa fácil. Tengo la manÃa de lanzarme cual monito selvático a los hombros de mis acompañantes. Tengo el defecto de hacer miles de preguntas, preguntas a veces bastante tontas, preguntas y más preguntas. No quedarme callado. Y, si no tengo que cosa preguntar, la hago reÃr. Desde ahÃ, todo bien, todo mostro, todo chévere. Pero, acaso pude hacer en mi vida un detalle bastante generoso, un detalle que me cueste sangre, sudor y lagrimones. No, entonces pensé. Al ataque mi Valiente.
Leà en un libro donde la fantasÃa de la autora era que le regalen 180 globos. Claro eso no era todo, los globos tenÃan que contener un poema adentro, un poema inédito y además un sinfÃn de pica - pica plateadas. Eso era para la autora, la paciencia que un hombre debÃa tener. El detalle que el hombre debÃa tener, para que ella nunca lo olvidase. Aunque el destino fuera terco y violento. Jamás ella olvidarÃa eso.
Entonces, quise hacer eso. La cosa era complicada, estaba todo el dÃa con la muchachita en cuestión y el único tiempo que tenÃa libre era en la noche. Llegaba siempre a las 11 de la noche a mi casa, eso quiere decir que no tenÃa mucho tiempo. Los poemas los escribà en 6 dÃas, 30 poemas cortos por dÃa. Los poemas eran escritos a la luz de la lámpara de 11 de la noche hasta las 2 de la mañana aproximadamente.
El dÃa anterior en el cual estaba planeador ser entregado – dÃa especial- me excuse y partà un poco más temprano de su casa. Compré los 180 globos y el pica - pica plateado, llegué a casa y me di con la sorpresa que por el apuro me habÃa olvidado el inflador de globos. Es decir, tenÃa que inflar todos los globos con mi aire. El trabajo en realidad lo vi bastante difÃcil. Pero seguro esa era la idea del esfuerzo. El detalle, el bendito detalle. Me iba sacar más sudor de lo planeado o mejor dicho más aire de lo planeado.
El primer paso fue enroscar los 180 poemas con ligas transparentes para que puedan entran en el globo, luego poner una cantidad moderada de papel plateado cortado en cuadrados pequeños. Para esto el lugar de trabajo era mi cama, para no quedarme dormido, habÃa puesto música. La hora avanzó bastante apresurada y los cachetes estaban retraÃdos por tanto globo. Eran las 3 de la mañana pero aún faltaban 30 globos más, porque se me habÃan reventado algunos. El trabajo terminó a las 4:30 de la mañana. No podÃa dormir, de pensar como tenÃa que hacer para trasladar los 180 globos y el peluche tamaño familiar que tenÃa en mis manos. Hice los imposible, junté todos los globos y los coloque rápido en el primer taxi que encontré. Al llegar a su casa, la muchacha en cuestión estaba bañándose y aproveché para colocar los dichosos globos, fruto de mi esfuerzo y suspiros.
Ella salió y su sorpresa fue bastante impactante. ¡Tú lo hiciste!, dijo. Claro, pues mamita, quién más, el vecino – pensé - .
Reventó globo por globo, leyó poema por poema que guardó celosamente.
Pero este cuentito de hadas no tiene final feliz. O sea, imposible, un melancólico como yo, no podÃa tener final feliz. La alegrÃa y el amor eterno duraron bastante poco. Ella se fue en el jazmÃn de su locura y yo me perdà en el silencio agitado de mis benditos 180 globos. Ahora ella es otra y yo sigo siendo el mismo. Ahora ella ni se acuerda de los benditos globos. Y, yo me rio por haber sido tan romántico. Pero me rÃo más porque sé que algún dÃa, haré algo mejor que esos globos, que se fueron volando con el más leve viento que suspiro barranco por esos dÃas.



Eduardoflores: ¿pero a quÃén caramba se le ocurre hacerle tanto caso a las mujeres?
Está bien eso de hacer cosas lógicas, y tal vez algunas románticas… pero, ¿inflar 180 globos, y, además, con un poema cada uno? Bueno, pero cada quien, ¿no?
Mi voto
Volivar
A veces las mujeres nos hacen tanto falta que caemos en le trance violeta de sus locuras
Qué historia increÃble, Eduardo. Hermosa, romántica y triste. Mi voto
Gracias por leerme
Eduardo, ni siquiera han sido hechos para mi y ya me siento en las nubes! Fantástica narración.. y si esto es verdad, si lo has hecho y no es una historia de fantasÃa…. Te admiro y aplaudo tu romanticismo, que hombres con esos detalles… no se ven muy seguido! Saludos desde México… y claro!!! Mi voto totalmente!!
Es una historia real. De eso ya hace algunos años.
El mundo es de los osados. Lo triste hubiera sido no haberlo hecho.
Asà es. Gracias por leerme
La repetición de palabras por lo general demuestra poco dominio del lenguaje escrito; pero en tus relatos… ¡son fantásticos! De una forma sencilla vas hilando cada lÃnea expresada; muy enternecedor, nos dejas ver de buena manera al romántico que hay en ti. Además, el romanticismo no debe perderse jamás, sin importar si se cae o no en el ridÃculo. Sólo es cuestión de saber de a quién va dirigida tus sentimientos.
Hermoso.
Mi voto, y un abrazo.
Gracias por tu hermoso comentario Martha
Definitivamente el amor es una locura, algo parecido voy hacer y navegando por la internet me tope con esto, dicen que el destino esta predestinado, ahora no sé si es verdad, Buen relato realmente muestras tus sentimientos con mÃnimos detalles que hacen una gran diferencia.