¡Shhh! ¡Escuchadme! Quiero contaros una extraña historia. Extraña, sí, pero real.
¿Qué como sé que es real? Muy sencillo, nadie me la ha contado, todo lo que os voy a relatar lo conozco de primera mano. Aunque a veces, creo que lo he soñado.
Pero, bien, ¡empecemos! Y sed vosotros el punto y final.
Ella era una niña dulce y hermosa, pongamos que su nombre era Alada. Vivía en un pueblo de alta montaña, verde y antiguo. Tenía pocos años, pero su conversación ya aventajaba a la de cualquier adulto. Su mente despierta ansiaba saber, esto, aquello, cualquier cosa y todo a la vez.
Iba al colegio, pequeño como el pueblo. Una sola clase para alumnos de varias edades. Tres maestros cuidaban de que todos y cada uno de ellos aprendieran las competencias básicas. Se sentaban delante de niños y niñas, “¡Abrid los libros! No preguntéis, aquí está todo explicado. Si no halláis la respuesta adecuada, será que vuestra pregunta está equivocada. ¡Desechadla sin más! No os servirá para la vida que tenéis fijada.”
Cuando Alada hablaba hasta las maestras callaban. Al principio eso les gustaba, ¡mírala, que despierta la pequeña!.
Pero una vez, y otra y aún otra más, son demasiadas veces para cualquier adulto encadenado a la enseñanza, sólo para malvivir su sueño.
Y así fue como, poco a poco, el aburrimiento y el desánimo le fabricaron una coraza.
Para no molestar calló, como callan esos árboles solitarios atrapados en cualquier terraza de una populosa y contaminada ciudad, (Para los que no lo sepáis, un abeto, un pino, o un magnolio lejos de los pájaros y de sus iguales se retuerce de dolor mientras llora lágrimas de silencio).
“¡Pobre niña, no llega a más! ¡Qué se le va a hacer! Nada podrá en esta vida…”
Alada lloraba sin lágrimas. No quería entristecer a sus padres. ¡Pobres, ya tenían que cargar con ella, tan rara, tan diferente!
Pero como en esta vida no todo gira alrededor de los adultos humanos, su melancolía y su tristeza terminaron escapándosele del corazón. Un grito sordo e inaudible hizo temblar los cimientos de la montaña en donde se posaba su pueblo. Los espíritus ancestrales se desperezaron y al verla, decidieron ayudarla.
Y así fue como Alada cambió de escuela, de pueblo y de cielo.




Podéis leer el resto en el siguiente enlace: http:// 0z.fr/Y-u8L
es el blog de los 8+1, existen, que yo les he ayudado a crear, en donde, poco a poco y con ayuda de algún que otro escritor amigo, van a ir colgando un cuento que se inventaron; un cuento a medio camino de sueño y protesta. También dejarán sus ideas y sus deseos.
Si os gusta, podéis colaborar con ellos y ayudarles.
Me gusta lo que has colgado aquí. Sólo que no puedo meterme en la página que nos recomiendas.
Me gustaría entrar. Si revisases si el link es correcto, me harías un favor.
Gracias!
Esta es la dirección del blog: 8mas1.over-blog.es. Espero que puedas entrar, y si quieres colaborar con los peques, estás invitada.
muy interesante