Oh! Hasta cuándo podré resistir sin Facebook. Decir ¡Oh! es para joder a un poeta medio amigo, un poeta ingenuo que todavía cree en las buenas intenciones de la gente o que la gente te entrega su amistad sin nada a cambio. Es de lo que publica sus poemas en Facebook, esperando algo. Esperando que le pongan me gusta. Me gusta tu poesía. Con eso se le arregla el día. Con eso sonríe. Con tan poco es feliz. Miguitas de ternura para el poeta. Poemas largo y melosos, antecedidos por el ¡Oh! –recurso que todavía no logro entender dentro de la poesía aunque a priori entiendo que es para darle solemnidad al texto-. A los dos minutos sus amigos de siempre, le responden cosas como: solemne, esplendido y notable. Lo imagino ansioso y moviendo la pierna después que lanza un poema. Los minutos son segundos. Después una sensación de vacío ante la nada. Una de sus fans, según noté, es una señora poeta, conocida en el submundo literario pues recolecta poetas por todo el país y les cobra –aprovechándose de la necesidad de ser leído- por publicar sus textos en unas antologías que sólo leen los publicados, sus familias y amigos. De eso vive la mujer. Ya va en 23 antologías. No le va mal pues siempre hay poetas. Siempre hay gente que quiere ser escuchada, y lo peor; gente se siente especial pues escribe. Escriben desde el alma. Porque la poesía surge desde el alma y esas cosas. Cursilerías, en el fondo. El segundo de sus amigos es un tipo de rostro grueso, bien afeitado y que en la foto de Facebook, aparece con una boina. Tiene apellido compuesto como: Aldunate-Vergara o viceversa. Mi medio amigo dice que es un crítico uruguayo que tiene un sitio web privado tipo panal de abeja donde, previo pago con Visa o Master Cards, poetas de todo el mundo son criticados y alabados. Algo así como una secta poética. Aldunate-Vergara, por supuesto, tiene la última palabra. Un pequeño Dios ¿me sigue? No le compro, pero en fin, a veces la necesidad de ser leído o escuchado lleva a pagar. Triste. Si se pudiera catalogar, el tipo es un mercachifle que lucró de la egolatría de otros. Un adelantado diría un ingeniero comercial amigo. El dice que es filósofo, poeta y crítico literario. Así está escrito en su Facebook. Mi medio amigo le agrega que es un connotado de la escena literaria del Río de la Plata y cita un círculo de Galeano. Aldunate-Vergara da para un cuento entero.
Aldunate-Vergara y la señora de la antología tiene convencido a mi medio amigo que es o será uno de los grandes de la poesía en Chile. El paga para ilusionarse.
Gente como ellos y tantas otras que buscan afecto por Facebook, me terminaron por convencer que las redes sociales cumplen una función de autoayuda, a veces patética, lo que no es ni bueno ni malo. Prefiero un abrazo fuerte, un apretón de mano o una conversación en un café –por decir algún lugar-. En la ciudad donde vivo tengo amigos para lo anterior, sin embargo comprendo a quienes se sienten solos o llegan de paso en la ciudad donde vivo=población flotante. Facebook los acompaña y hasta de ese modo, Facebook puede lograr un efecto terapéutico. No me gusta decir terapéutico, pero aquí cabe. En efecto, quienes más postean en Facebook más solos están. Puede ser una soledad física, hasta una soledad intelectual. Esta soledad intelectual sumida a un ego del tamaño de un elefante germina esas bombas o bombitas que, a estas alturas, uno pasa de largo en Facebook. Bombas en base a discursos reivindicativos metamorfoseados o conspirativos con el estado de ánimo de quien las escribe. Causas y más causas. Algunas estúpidas y pajeras. Si para algo es bueno Facebook, es para delatar el momento emocional de quien escribe.
Por una de estas estúpidas causas conocí a Antonia. No me interesan los pingüinos de Humboldt, pero al ver su foto y sus palabras comprometidas, le pedí su amistad. Ahí partió el problema.
El Facebook es maldito. Cuando quieres desactivar tu cuenta te apela a las emociones básicas ¿Qué dirá tal persona o esta otra porque te vas? Ellos te extrañarán. ¿Quiénes? Ellos Sí, te extrañarán. Ellos notarán tu ausencia. Ellos preguntarán: ¿Por qué te fuiste? ¿Acaso me extrañará el escritor pop que pone todos, pero todos los artículos que se han publicado de sus últimas novelas y además de sus colaboraciones en el extranjero para medios como El País o El Universal de México? Lo dudo. El tipo sólo está preocupado de él, y de otros escritores de éxito y así todos se adulan entre ellos. El resto, a quienes le interesa esa área, leen y pone me gusta. Me gustan. La justificación es que siempre es bueno tener amigos famosos y participar en sus opiniones pues en una de esa te pescan y eso, y eso a fin de cuentas te da alegría a tu corazón mendigo. Y recuerdo una canción de Fito Páez, algo así como: y dale alegría, alegría a mi corazón y otras cosas por el estilo.
No todos mis amigos de Facebook eran escritores o estaban relacionados a la literatura. Entre 300 había de todo: viejos amigos, de colegio, familiares y compañeros de trabajo y de universidad. Estaban todas sus vidas ahí, expuestas como los tomates y las paltas en la feria. Si uno estaba de cumpleaños había que saludarlo pues de lo contrario se sentía mal. Una chica me sacó de sus amistades porque no la saludé. Luego otra. Sentimientos cochinos. La gente se toma muy en serio la vida en Facebook. Peor con los equipos de fútbol. Que tontera. Cuando perdía la U, me etiquetaban en varias fotos. Nunca he sido un tonto grave, pero a veces después cuanto tu equipo pierde un partido importante no quieres que ningún gueón te mosqueé. Mas rabia te da. Por esto una vez puse que el que osara a molestarme por la derrota de la U con Chivas, lo sacaría de mis amigos. No faltó quien me recordó un “Chivas Regal”.
Una vez que Facebook, me colmó por las fotos que Antonia, en una lamentable decisión de su parte, publicó y etiquetó con mi nombre, el muy imbécil me propuso 7 opciones como para poner en duda mi decisión. No hay dudas que el gueón que está detrás, un gringo de la CIA, es peor de canalla que ese Aldunate-Vergara.
Además soy indeciso. Por esto creo que el Facebook es demoniaco. Me está jodiendo con esto es temporal, volveré. Creo que podría volver. Tal vez volvería por dos minutos, miraría como está el asunto, para ver que sucedió con la vida de Antonia y de otras personas que me interesan. Maldita ella. Perra. Lo hizo porqué se enteró que era casado.
Luego, en la cama, me confesó que le gustaba mi tranquilidad. Nunca entendí bien a qué se refería, pues no había tiempo para redondear ideas.
-Yo la quería.
Twittie que me salí de Facebook. Espero respuesta.



Interesante reflexión. Pienso que las redes sociales virtuales se asemejan a las naturales y comparten procesos similares a los que aquí expones.
JJajajajajaj, gran cuento Rodrigo, como otros, mordaz y en algún punto despiadado, es lo que somos, para qué evadirse!
Ojala pase a Portada y luego a la revista para que te cobren aprovechándose de la necesidad de ser leído… esta también es una red social!
Una brazo y es bueno volver a leerte!
Nicolas
El complejo mundo de la red, aunque en muchas ocasiones no se separa demasiado del mundo real.
Gracias por compartir y felicidades!!!
Un saludo, “amigo”.
Saludos Nico, gracias por tus palabras y grande tu red social!!
Yo por eso no tengo “feis”
Gran relato.
No te falta verdad.
Bravo colega, qué bueno que podamos tener tiempo y espacio para estas cosas. Bien escrito.